Los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos, hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan, mi plumaje es de esos”. Si la presidenta Claudia Sheinbaum conociera estos versos que escribió a finales del siglo XIX el veracruzano Salvador Díaz Mirón, probablemente serían utilizados por ella en sus conferencias mañaneras, para defender a rajatabla la política económica del régimen que encabeza y que está teniendo muchos cuestionamientos internos y externos de carácter financiero y macroeconómico.

Y esto ocurre porque los débiles timbres de la economía nacional no resultan nada claros en estos primeros años de su periodo presidencial, como tampoco lo fueron en los seis años de su mesiánico predecesor. 

La semana pasada, el INEGI dio datos desalentadores. Y la Agencia Moody´s rebajó la calificación crediticia de México. Y si estos hechos se analizan objetivamente, significa que el costo del crédito bancario sube hacia las nubes elevando los intereses de la aterradora deuda que el país tiene con los bancos internacionales.

Y si se agregan los informes sobre las estadísticas de empleo y de inversión extranjera directa, cuyos números son negativos, o de la inflación, que va hacia arriba, ambas cuestiones constituyen señales indiscutibles de que habrá malos tiempos para la economía nacional, coincidentes con la elección presidencial de 2030.

Debemos entender que el pueblo que conforma esa masa aplaudidora morenista que no cuestiona a su presidenta,  continuará ondeando las banderas políticas y electoreras del beneficio social y el “humanismo” de la extensa y costosa política de subsidios creados por el obradorismo y el claudismo, que se entregan con exceso de publicidad a la ávida población, como panes y peces bíblicos. 

Dinero a destajo en todo el territorio,  que proviene de los impuestos de los mexicanos que producen, en suma un importe que endeuda a la nación en billones de pesos de manera escandalosa, peligrosa e injusta  para las generaciones venideras, que pagarán esos billones de deuda pública, más los intereses que siempre son onerosos, porque todos sabemos que la banca no perdona y que la historia mundial nos enseña que financia guerras resarcitorias.  

Serán generaciones que pagarán con sus descendientes, los enflaquecidos servicios públicos en educación, salud o vivienda, que el Estado tendrá que contener y reducir para destinar esos presupuestos al exorbitante pago de la deuda a partir de 2031, como auguran los expertos en economía.

Para tener una idea más precisa, aquí van esos datos duros de la actual realidad mexicana, que sería conveniente reflexionar y buscar la manera de paliar o de inventar opciones de solución antes de que sea demasiado tarde, cuando entonces sí, llegue la hora de hablar de la verdadera soberanía, la que pega en cuerpo y alma.

El primer aspecto a tener en cuenta es que desde 2019 se ha incrementado el gasto corriente (vía subsidios y ayudas) y no el de inversión, junto al bajo impulso a la inversión privada, constituyendo los factores reales que obstaculizan el crecimiento económico del país. A ello afectan las decisiones centralizadas, poco transparentes y opacas en el gasto de la obra de AMLO en el Tren Maya y la refinería Dos Bocas, entre otros proyectos. 

Con Peña Nieto el PIB creció únicamente el 1.9% y con López Obrador sólo alcanzó el 1.1%, aunque debe reconocerse que le impactaron a la baja, los tres años de la pandemia de Covid y la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

El INEGI acaba de informar que la economía registró una contracción del 0.6 por ciento en el primer trimestre de 2026 respecto al trimestre previo, indicando que la desaceleración refleja un menor desempeño en los sectores económicos. Por otro lado debe alertarse que continúa recortándose la perspectiva estable de las calificadoras, entre ellas, también durante mayo, la Agencia Moody´s Ratings ajustó la calificación soberana de México, para pasar de Baa2 a Baa3, que es el último escalón dentro del grado de inversión.  

Esta rebaja refleja menores expectativas de crecimiento del PIB, un mercado laboral débil e incertidumbre en torno al comercio, a lo que abona la poca certeza jurídica, afectando los perfiles crediticios de las instituciones financieras, indicando además un debilitamiento de la fortaleza fiscal por el respaldo continuo a PEMEX. La situación financiera de México es que el gasto público ha estado por encima de la capacidad recaudatoria del Estado. Si el endeudamiento no se controla, el saldo histórico podría ascender al 58.9% del PIB en el año 2031, superior al 52.6 % del año 2025. Grave escenario.

La doctora Claudia Sheinbaum tiene una bomba entre las manos. Ojalá comience a estudiar Finanzas y Economía y haga a un lado su discurso populista, ya que sólo funciona ante la audiencia poco preparada de las “mañaneras”, que escasamente influye en la vida productiva de esta nación. De este tamaño es el problema. Y requiere acciones y resultados, no palabras vanas.

Publicidad