Por lo que se observa hasta ahora en el gobierno de Rocío Nahle, son sus propios colaboradores los que están contribuyendo, por acción u omisión, al hundimiento de un régimen que apenas está cumpliendo dos años.
Abundan los errores y los horrores, pero las fallas más increíbles están en dos importantes áreas que tienen mucho que ver con la imagen de la mandataria estatal, con la supervivencia de su gobierno y con el aseguramiento de una sucesión tersa sin problemas de transparencia dentro de cuatro años.
Y la evidencia de esta situación se encuentra en la Secretaría de Finanzas y Planeación y en el OPLE, el árbitro electoral que la ayudará o enterrará en la cercana y estratégica votación de 2027.
Rocio Nahle parece emular a Agustín Acosta Lagunes, en el manejo de la SEFIPLAN, esa dependencia, entonces denominada Tesorería General del Estado. En su tiempo, a pregunta de un importante empresario del país, el gobernador Acosta Lagunes, llegó a comentar que el titular de la Tesorería era un simple pagador y cajero, ya que el que planeaba y tomaba las decisiones delicadas, tenía su oficina en el palacio de gobierno. Era una realidad que cualquier veracruzano sabía.
Desde hace dos años, ya en el gobierno de Nahle, la errática conducción del titular de esa instancia, así lo demuestra: por ejemplo, en lo referente a la deuda estatal, donde cifras van y vienen en la voz de varios actores, y quién sabe, a cuánto ascienden los adeudos, porque parece que ya no son los que dejó y dijo Cuitláhuac García en noviembre de 2024.
Otro caso, gravísimo, es el tema de la planeación, donde parece que tenemos un gobierno de ocurrencias y pésimas decisiones: ¿A ver señores funcionarios, saben en qué se están gastando los recursos del erario, dónde están los avances de las obras importantes que definirán el sexenio, o acaso simplemente serán los autobuses chinos, las camionetitas de la salud, la entrega de dinero “préstamos a la palabra”, los cientos de festivales jarochos o de tipo tamalería y “catrinaje de muertos” de la modélica Xóchitl y los “millones” de turistas que gozan de “El Estado que está de moda”?
¿Qué van a informar el próximo 30 de noviembre en el II Informe de Gobierno?
Otro caso igual de grave, que es un auténtico despropósito, es por qué estar picándole al panal de los recursos del IPE, de los recursos federales del PAFEF, que algún ignorante deslizó o afirmó “estar usándose de manera incorrecta en las pensiones”. Otro caso más, la pregunta de la transparencia de las licitaciones, la transparencia del impuesto a la nómina, ahora con otro nombre, sus ingresos, y principalmente, las obras y acciones que financian. Otro caso muy preocupante, el reciente anuncio del cambio de placas, que parece simple medida recaudatoria con pretextos cuestionables. ¿Acaso ser de otra entidad federativa, justifica cometer tantos errores? ¿O es que, como buenos jarochos adoptivos, ya se tiraron en la hamaca?
¿Pensará el titular de la SEFIPLAN que los veracruzanos no tienen el nivel de conciencia y la inteligencia suficiente, como para darse cuenta de que a esa dependencia le falta un secretario más competitivo y más comprometido con los veracruzanos? ¿O es que, como antaño, resulta que es sólo un aplicado pagador de angora?
Y qué desgracia también para Veracruz, que la estrepitosa caída de la enamorada señora Guadalupe Taddei del INE, nos dejara como en cascada con fuegos artificiales, la serie de irregularidades en el manejo de los recursos, y en las contrataciones de esa instancia arbitral nacional y de muchos de los OPLES del país.
Entre ellos el de Veracruz, que han desvelado ante la Comisión de Vigilancia del Congreso de la Unión, el Auditor Superior Aureliano Hernández Palacios y el mismísimo contralor del INE.
Con 303 millones de pesos cuestionados a Veracruz (la cifra más alta entre los organismos locales electorales), bastante mal parado sale Luis Fernando Reyes Rocha, el secretario ejecutivo del OPLE, personaje que debe transparentar sus contratos irregulares, su actuación, sus decisiones y las que gusta en modo pirata y mercader, sus oscuros antecedentes en las elecciones pasadas, y el conjunto de quejas por los procesos y las bailantes cifras de votos en algunos municipios. Sobre todo revisar y sostener jurídicamente sus declaraciones para salvar el pellejo.
¿Cómo solucionará las observaciones de los fiscalizadores y cómo explicará los millones de pesos que se distribuyeron en empresas siempre ganadoras y con un poder que le menciona, y que mueve a pensar en la jocosa diferencia entre cantinero y borracho.
La gobernadora Nahle tendrá que hacer correcciones si no quiere terminar de hundirse en el Golfo de México. Es la responsable mayor en el manejo del erario y es responsable principal del resultado de las elecciones en Veracruz. Necesita tener tranquila a la presidenta Sheinbaum, sin ignorar que precisa de la aceptación de la población estatal, y para ello debe contar con la credibilidad de los ciudadanos, abandonar la soberbia y hacer a un lado el descuido.
Ella misma debe conducir la elección de su sucesor en 2030. Pero para subir al cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita. Y Rocío Nahle ya constató que el clima jarocho no suele favorecerle.







