Jesús Lezama

Una singular noticia se dio entre los abarrotados índices de información en medio de la crisis del coronavirus. Zenyanzen Escobar, el de la SEV, y Julen Rementería, el del Senado, escenificaron un buen distractor la semana anterior. La verdad, de uno y otro no se hace uno.

Pero, “aunque eso sí calienta” -como dicen cuando los comparan y demuestran que sí roban, sí mienten y sí traicionan- ¿Qué puede haber de singular en Zenyanzen y Julen para que de repente se produzca este curioso renacimiento e interés por transparentar las acciones de gobierno por medio de actos circenses? Que a los dos les da igual que los señalen de corruptos y que al no mirarse en su espejo moral, no se reconocen.

Por ejemplo, Julen Rementería, “el manchado”, dejó de lado la denuncia por las irregularidades en varios negocios con el maternal José Mancha, cuando fue secretario de Obras Públicas. Nunca transparentó los señalamientos -también con pruebas- de esas rarezas. 

Ahora, durante el confinamiento, el senador veracruzano se ha lavado tanto las manos que salió a denunciar que tres empresas fantasma fueron contratadas por la Secretaría de Educación de Veracruz para remozar escuelas en la entidad, además de revelar que los domicilios fiscales de algunas empresas contratadas corresponden a una casa abandonada, un autolavado y un inmueble donde se vende mole.

Y para ser sinceros, eso sí calentó a los intachables cuitlahuistas. Enviaron en defensa de su régimen a un diminuto Esteban Ramírez Zepeta, ex jefe de la oficina del gobernador, con argumentos flojos, vamos, acorde a lo que representan políticamente, al igual que los medios y formas donde lo difundieron.

Como la estatura del ideólogo Zepeta, no tuvo impacto alguno, entonces, surgido como de una feroz batalla en la selva, el secretario de educación Zenyanzen Escobar salió a defender la realización de las obras, pero no dijo nada sobre las direcciones fiscales de las compañías. Es más, juró por Morena que la administración de Cuitláhuac García no se está robando un sólo peso y mandó a grabar los testimonios de tres maestras.

Lo que se desprende de estos hechos no es un combate por lo de la reforma electoral -como quieren difundir o distraer los escritores de palacio- es la peste y ambiente que hiede en el senador Rementería, en el secretario Escobar y en el Congreso de Veracruz. Pero para ser sinceros, contra esa infección moral no hay medicamento, vacuna ni cubrebocas que valgan.

El éxtasis de rencor entre ambos bandos evoca al español M. Vicent: “Existe una vacuna contra la rabia, pero no contra el odio; contra el cólera, pero no contra el cabreo (enojo); tampoco contra el resentimiento, la frustración y la mala baba hay vacuna”.

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