En Veracruz hay políticos que tienen más cara que espalda y, sin duda,  el concepto de lealtad tiene un precio exacto en el presupuesto de egresos. El episodio de supervivencia política lo protagoniza el subsecretario de Gobierno, José Manuel Pozos Castro, quien utilizó las redes sociales no para anunciar políticas públicas, sino para recetar un sermón de civismo partidista al senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara.

El funcionario estatal acusó al legislador de operar con fines personales y de orquestar una campaña contra la gobernadora Rocío Nahle. En un despliegue de diagnóstico político, Pozos dictaminó que Huerta -otro gritoncillo de colonia- padece de ambición por la presidencia del Senado, que pacta con la oposición y que arrastra el trauma de haber quedado en cuarto lugar en las encuestas internas del partido oficial. El remate del subsecretario fue de antología: “Ay, Manuelito, estás desbocado y quedando solo… porque traicionas siempre”. El lenguaje del señor Pozos va acorde a su tamaño y quizá por ello, se dirige en diminutivo.

Lo más divertido del caso es revisar el árbol genealógico laboral del acusador. Dicen los enterados que la familia Pozos ha convertido la nómina estatal en una especie de bolsa de trabajo privada. Para muestras, los registros oficiales: un hijo colocado en la Subsecretaría de Planeación durante el gobierno de Cuitláhuac García -cuya baja se tramitó tras denuncias de acoso sexual-, otro vástago ubicado en la Jurisdicción Sanitaria de Xalapa y de nueva cuenta el acusado de acoso ahora despacha en el Instituto Veracruzano de la Vivienda (INVIVIENDA). Eso es optimización del gasto familiar, no burocracia.

Por si fuera poco, la memoria histórica del estado no es tan corta como la del ‘ilustre’ tuxpeño. En los archivos de la entidad aún se conservan los registros de los pasos de Pozos Castro por la Comisión Federal de Electricidad en los tiempos de Laguna Verde, su paso por el C4 en el sexenio de Miguel Alemán Velasco -con el célebre misterio del inventario técnico que desapareció y perdonó Fidel Herrera- y sus gestiones en los derechos de vía de la autopista México-Tuxpan. Un currículum todoterreno que ha sobrevivido a siglas, colores y gobernadores de todos los niveles ideológicos.

El fondo del asunto no es la pureza ideológica, sino el reparto del pastel para los próximos años. Mientras Manuel Huerta se dedica a fiscalizar las decisiones del gabinete estatal desde la comodidad de su escaño federal, Pozos Castro no quita el dedo del renglón ni la vista de las secretarías de despacho.

En los pasillos políticos de Xalapa comentan que el subsecretario sueña -ahora que está de moda ese placer en el gobierno de Nahle- despachar en la Secretaría de Educación o, de ser posible, desplazando a Ricardo Ahued en la Secretaría de Gobierno. 

El problema es que para llegar ahí tiene que saltar sobre las estructuras actuales y congraciarse con la señora Rocío Nahle. Y qué mejor manera de demostrar amor al proyecto que lanzando pedradas al senador incómodo, mientras se operan convenios de publicidad con medios aliados -que ni la hora saben dar- para asegurar que el eco de los aplausos suene fuerte. 

La política en Veracruz cambia de nombres, el nepotismo y la incompetencia están a esplendor, pero el presupuesto sigue siendo el mejor aglutinante.

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