Con el anuncio formal del Gobierno de Veracruz, la Cumbre Tajín 2026 vuelve a exhibir el desgaste de un festival que nació en 1999, durante el gobierno de Miguel Alemán Velasco, con el objetivo de proyectar al mundo la grandeza de la cultura totonaca. Hoy, ese propósito luce desdibujado, particularmente en los últimos siete años bajo administraciones de Morena, periodo marcado por la opacidad, la improvisación y la pérdida de identidad cultural.
Tal como lo advirtió este medio en el editorial 25 AÑOS DE LA CUMBRE TAJÍN Y EL TOTONACAPAN SIGUE ESPERANDO, el programa de conciertos nocturnos apunta a ser nuevamente oneroso, con artistas de alto perfil cuyo costo se mide en erogaciones millonarias, justificadas más por el peso publicitario y el prestigio comercial que por una curaduría cultural coherente con el espíritu original del festival. La primavera se sigue “esperando” a golpe de chequera en las ruinas de El Tajín, mientras el enfoque cultural queda en segundo plano.
De acuerdo con información confirmada, los artistas que integran hasta ahora la cartelera son Lila Downs, La Original Banda el Limón, Yuridia y Grupo Cañaveral. Nombres con arrastre mediático, sí, pero que refuerzan la percepción de que la Cumbre Tajín se administra hoy más como un espectáculo comercial que como un proyecto cultural de Estado.
Mientras no haya transparencia presupuestal ni una narrativa clara sobre el rumbo del festival, la Cumbre Tajín 2026 confirma que hay mucho escenario, poco contenido y una deuda creciente con la cultura totonaca que le dio origen.







