Antulio Ficachi
En Orlando, la austeridad republicana inauguró una sucursal de alta gama en el restaurante Be Our Guest Magic Kingdom. Ahí se grabó en video la presencia de José Ramón López Beltrán, confirmando que el cuento de hadas de la transformación incluye pasaportes VIP sin restricciones.
El menú en el castillo de la Bestia no se liquida con el modesto billete de 200 pesos que su padre presumía en el atril; se paga con el pragmatismo de quien entendió que la mística del sacrificio es exclusivamente para el consumo del electorado.
¡Disfruten lo votado!
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Un sismo de cruda realidad sacudió la bitácora oficial en Morelia. El libreto de la popularidad perpetua chocó de frente con el grito de los asistentes: “¡Presidenta, corrija sus errores!“.
Al parecer, el algoritmo que calcula el mitológico 120 por ciento de aprobación de Claudia Sheinbaum olvidó descargar su actualización en las plazas públicas de Michoacán, donde los ciudadanos insisten en utilizar los peores datos posibles: los de la vida real.
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Los número finales del primer piso de la transformación revelan que los mayores éxitos se alcanzaron en el terreno de la fantasía matutina. Cuando Morena presume pureza inmaculada, los registros oficiales se quedan con el desfalco de Segalmex, los contratos preferenciales del Bienestar, la deuda pública más alta de la historia moderna, más de 135 mil desaparecidos y un récord que supera los 200 mil homicidios.
Con esos cimientos, el prometido “segundo piso” tiene más cara de sótano que de cúspide histórica.
A pesar de esas realidades siguen abusando de la mentira.
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En Washington los fantasmas de James Madison y John Adams andan tramitando asilo político. Al ver el panorama electoral, prefieren regresar a la tumba antes que atestiguar cómo Donald Trump busca reinstalar la monarquía con toga judicial de partido, mientras el otro reinventa la Inquisición mediante el lenguaje de la cultura woke.
Del lado republicano, la división de poderes pasó a ser una división de opiniones subordinadas a un sólo hombre. Del lado demócrata, las aulas universitarias cambiaron la defensa social por la exaltación de la identidad de grupo, sazonada con intolerancia y un antisemitismo de aparador. Al final, John Adams tenía razón: el gentío sin control resulta tan tiránico como cualquier rey.
Lo peor del asunto es el espejo al sur del Río Bravo. Mientras la Unión Americana conmemoró su fundación entre fracturas, en México se importó el manual del absolutismo. Aquello que los Padres Fundadores llamaron tiranía en 1788, hoy se promueve aquí como soberanía.
El aplauso de la servidumbre voluntaria cubre el vacío de las instituciones.
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Mientras los teóricos de la izquierda pura se entretienen debatiendo utopías en los simposios, el control operativo de la maquinaria se mantiene bajo el cuidado de profesionales del pragmatismo como Adán Augusto López, Mario Delgado, Alfonso Durazo y Ricardo Monreal.
El diseño del poder se complementó entregando aduanas, aeropuertos y constructoras a las Fuerzas Armadas, una alianza que no responde a la doctrina proletaria, sino a la sólida conservación de privilegios presupuestales.
La marcha militar durará exactamente lo que dure el flujo de efectivo; si los recursos disminuyen, el acuerdo institucional cambiará de ritmo de inmediato.
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A propósito de prioridades, en la provincia Tampico-Misantla la soberanía energética se alista para devorar millones de litros de agua dulce mediante el fracking, justo en comunidades de Veracruz donde miles de indígenas carecen de drenaje y servicios de salud.
Pero el desabasto no quita el sueño a la burocracia local: el alcalde emecista (MC) de Misantla, René Omar Jaén, se despacha con un sueldo que supera los 84 mil pesos netos de la gobernadora Rocío Nahle.
Si en los hogares falta agua, que en el ayuntamiento del cachicin que no sobre la nómina.
¡Viva la nueva política!
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Y para cerrar el blindaje institucional, en el Congreso veracruzano los diputados Carlos Marcelo Ruiz (Verde) y Diego Castañeda (Morena) perfilan un traje a la medida en el Órgano de Fiscalización Superior (ORFIS).
Este par de ‘ilustres‘ legisladores no se han dado cuenta de que el poder es limitado y no un cheque en blanco que les permita introducir cambios radicales.
Para el próximo Auditor General decidieron eliminar el estorboso requisito de haber nacido en el estado y, de paso, borraron la exigencia de un promedio escolar mínimo de 9.
Bajo la lógica de que la excelencia técnica resulta sospechosa para los mediocres, el nuevo encargado de revisar las cuentas públicas podrá ser foráneo y graduado de panzazo.
Total, para aprobar presupuestos alternativos, las matemáticas salen sobrando. Parece que a la gobernadora Rocío Nahle eso de las auditorías le estorban.
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A rodar el balón… y las cabezas. Acabado el sueño y opio mundialista para México, las distracciones se esfuman y la realidad insistirá.
Sin goles que festejar ni pantallas que mirar, el panorama nacional vuelve a su cauce. Prepárense en Palacio Nacional: la pesadilla y el verdadero partido por la supervivencia apenas comienzan.







