Antulio Ficachi
Resulta que en el gobierno de la CDMX los números de las tragedias se comportan como el marcador de un partido de futbol: cambian de un minuto a otro.
La secretaria de salud salió ayer a corregir la plana de los balances oficiales. Donde antes la autoridad veía cuatro decesos por los festejos mundialistas, ahora la institución descubrió que siempre sí eran cinco.
La explicación técnica para justificar la desaparición temporal del quinto fallecido rozó la genialidad burocrática: el ciudadano tuvo el mal tino de llegar al hospital por su propio pie para morir de un infarto, un detalle que al parecer lo colocó en una “zona de discusión” estadística.
Para aderezar el reporte la jefa de Gobierno, Clara Brugada, prefirió optar por la vía de la diplomacia mística: envió condolencias permanentes a las familias afectadas, pero evitó pronunciar la cifra exacta de víctimas, no fuera a ser que el marcador volviera a moverse antes de terminar la conferencia.
***
Desde el norte llega una postal de la diplomacia automotriz moderna que debería poner a reflexionar a más de un estratega en la Secretaría de Economía.
Toyota decidió meter reversa en Baja California y mudar la producción de la camioneta Tacoma a San Antonio, Texas, con una inversión de 3,600 millones de dólares.
En el sector exportador recuerdan la imagen del mandamás global de la firma, Akio Toyoda, luciendo una gorra roja con la leyenda “Make America Great Again“.
Queda claro que ante la amenaza de aranceles de Donald Trump, las corporaciones prefieren asegurar sus activos en suelo estadounidense antes de apostar al blindaje del TMEC.
Al final, el consuelo oficial en México es que la planta de Guanajuato sobrevive, confirmando que las inversiones globales se retienen con certidumbre e infraestructura, y no con discursos sobre la soberanía manufacturera.
***
En Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle decidió aplicar el manual de la sobrevivencia política y repartió elogios de alto calibre a su secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, calificando su gestión como “intachable”. La sincronía del aplauso no es casualidad.
El estratega del palacio de gobierno de Xalapa necesitará todo ese respaldo político ahora que la administración estatal decidió abrir fuego en dos frentes de alta densidad de conflicto: la revocación de patentes a notarías vinculadas al llamado “cártel inmobiliario” y la regulación fiscal de plataformas digitales de transporte como Uber y DiDi.
Esta última medida promete reactivar los bloqueos de los sindicatos de taxistas tradicionales, quienes consideran que el asfalto estatal es de su propiedad exclusiva.
***
En el Senado se comenta que el legislador Manuel Huerta ya comenzó a operar como el principal aguafiestas de las redes sociales en el Golfo de México.
El morenista arremetió contra la proliferación de encuestas digitales que presentan a nuevas alcaldesas y ediles como figuras de alcance nacional.
Dicen que las pedradas llevaban dedicatoria directa para Xalapa, el Puerto de Veracruz y Coatzacoalcos, donde las morenistas Daniela Griego y Rosa María Hernández Espejo, así como Pedro Miguel Rosaldo despachan con una alta dosis de optimismo demoscópico.
El incómodo naolinqueño ya les mandó avisar que la popularidad de Facebook suele evaporarse en cuanto se cruzan los límites del municipio, sobre todo cuando los baches y la inseguridad no se pueden arreglar con un filtro de Instagram.
***
En la SEDECOP de Veracruz, el subsecretario Eduardo Vega Yunes activó una maquinaria electoral que envidiaría cualquier partido. Dicen que “El Tato” presume tener a “dos mil operadores y estrategas de la comunicación’’ – de esos que venden espejitos en cada elección- enfocados en asegurarle un escaño legislativo el próximo año.
Aunque carga con el parentesco del innombrable exgobernador del bienio, el funcionario se adaptó rápido al manual de la transformación -porque él nunca ha mentido, robado o traicionado- y sabe estar a la moda con las reglas de Palacio. Las fricciones crecen porque Vega Yunes cacarea el respaldo de Rocío Nahle y de la estructura de Ricardo Ahued, como garante de su victoria.
Con ese manto de poder, el subsecretario ve al titular de la dependencia, un Pérez más, como un simple espectador en su propia oficina. El compadrazgo con el encargado de la política interna es lo único que mantiene el equilibrio en un organigrama donde el secretario sólo estorba.







