Por Antulio Fichachi

Urge un traductor en los cuarteles de la CNTE. El sábado pasado en Río Grande, Zacatecas, las huestes magisteriales intentaron practicar su deporte favorito: el “diálogo institucional” a base de portazos y el clásico coro de “¡Fuera, fuera!”. 

Lo que no calcularon fue que la presidenta Claudia Sheinbaum traía el libreto de la casa bien aprendido. Al más puro estilo de su antecesor, les recetó un inventario de plazas y aumentos para rematarlos con una sutil estocada: la interlocución ahora será escuela por escuela. 

Adiós a las benditas cúpulas sindicales; bienvenido el “divide y vencerás” pedagógico. Al final, el nuevo humanismo mexicano descubrió que la mejor mesa de negociación es aquella donde el disidente se queda de pie, al sol y del otro lado de la valla.

***

En la acera de enfrente del Caribe, la cuna de la utopía demuestra que la fe mueve montañas, pero no turbinas. El gobierno cubano presume el control absoluto de las masas, pero sus estadísticas chocan de frente con la realidad de los apagones. 

Reporta Cubalex que en junio hubo 253 manifestaciones en la isla, y el descontento no brota en las orillas, sino en el mismísimo ombligo de la burocracia: la Plaza de la Revolución. 

Con el PIB cayendo en picada un 6.5 por ciento y una batería de 176 reformas que sólo sirven para cobrar más impuestos a las cuentas vacías, la Habana ha logrado un milagro macroeconómico: que las protestas a oscuras sean la única actividad con crecimiento sostenible. 

¡Primero los pobres, después la luz!

***

Si de cine de terror nacional se trata, habría que desempolvar el célebre monólogo de Jorge Russek en la película México, ra, ra, ra. Aquella bofetada setentera sobre un gobierno que es el fiel espejo de una sociedad que renunció a pensar mantiene una vigencia criminal.

En pleno siglo XXI, el pedigrí partidista y la obediencia ciega cotizan más alto que el coeficiente intelectual. La tesis de Russek era culpar al tlatoani en turno como el deporte nacional para lavar las culpas ciudadanas. 

Cambian los colores del logotipo, pero el ADN del agachismo sigue intacto. Los decretos presidenciales podrán extinguir fideicomisos, pero jamás la vocación social de aplaudir al verdugo.

***

Por fortuna, en Veracruz habitamos otra dimensión. La gobernadora Rocío Nahle salió a celebrar 18 meses de una gestión que no se mide en kilómetros de resultados, sino en “sonrisas, abrazos y amor a ras de suelo”. 

Afirmó, sin rubor alguno, que se ha avanzado “como nunca en obras históricas”. El choro dominguero alcanzó tintes metafísicos al declarar que lo valioso se mide en el “alma de la gente”. 

Habrá que avisarle a la mandataria que la lírica poética no genera desarrollo social y económico ni frena la violencia, aunque es comprensible su alergia a los números: la contabilidad nunca ha sido el fuerte de la casa. 

Bien dicen que el pez muere por sus ‘Dos Bocas’… ¿o cómo era el refrán de la refinería?

***

Y ya que la palabrería oficial prefiere la metafísica antes que el restirador, en Xalapa el dinamismo económico corre por cuenta del hampa creativa. 

El llamado “cartel inmobiliario” local opera con una sofisticación digital que quisieran en el gabinete de Rocío Nahle o en su muy hackeada Contraloría: clonan anuncios, rematan propiedades ajenas y cobran anticipos con una velocidad que la burocracia estatal no logrará ni en tres sexenios.

El portafolio criminal incluye desde los “Montarentas” de Facebook hasta desarrolladoras fantasma que venden inmuebles en planos que terminarán siendo áreas verdes. 

Es la verdadera transformación económica: los ciudadanos descubren que lo único que avanza a ras de suelo no es el bienestar, sino el despojo patrimonial. 

¡Gracias por tanta creatividad!

Publicidad