Xalapa, Ver.- La tarde no cayó, se posó. Llegó como un susurro cálido sobre la capital veracruzana, con un pulso contenido que terminó por convertirse en latido colectivo. En las calles, en las miradas, en la espera. Todo desembocó en un mismo punto: la cancha principal del Club Britania Las Ánimas.

Este domingo, la cuarta edición del Abierto “Xalapa–Café Don Justo” escribió su última página. Y lo hizo con tinta de final.

Dos trayectorias se encontraron como ríos que conocen su cauce. El neerlandés Mees Röttgering, juventud sin fisuras; el mexicano Rodrigo Pacheco, temple en ascenso. No eran desconocidos. Alguna vez, siendo promesas, cruzaron raquetas en Wimbledon. Pero esta tarde fue otra historia. Más densa, más nítida, más definitiva.

Pacheco entró arropado por un público que no solo observa, siente. Desde el primer saque, el partido se jugó en territorio de tensión viva, un hilo invisible que unió a jugadores y gradas en un mismo latido. Cada punto pesó; cada intercambio sostuvo el aliento colectivo. Ni el calor diluyó el ánimo. Familias enteras, rostros atentos, emoción compartida. El recinto se volvió un pequeño universo donde todo importaba.

Al final, Mees Röttgering se impuso y levantó el título del torneo más importante de tenis en Veracruz. Del otro lado de la red, Rodrigo Pacheco mostró la estatura del competidor íntegro. Reconoció el nivel de su rival y destacó la organización del certamen, así como el respaldo de patrocinadores y autoridades del Club Britania.

Pero Xalapa no solo fue testigo de tenis. Desde el 20 de abril, entre 12 mil y 15 mil personas cruzaron las puertas del torneo. La ciudad respiró distinto, se movió al ritmo de la pelota: habitaciones ocupadas, mesas llenas, comercios en marcha. Afuera también hubo juego. Afuera también hubo victoria.

En su cuarta edición, el Abierto -impulsado por el distinguido empresario xalapeño Antonio Fernández Chedraui- se confirma como algo más que un torneo: es puente y semilla. Une talento con oportunidad, deporte con economía, esfuerzo con horizonte. Y como toda semilla bien plantada, empieza a dar sombra.

Esta tarde, la red no solo dividió la cancha, sostuvo el instante. De un lado y otro, se disputó algo más que un trofeo. Se jugó el eco de una ciudad que ha aprendido a encontrarse en el deporte, a reconocerse en la emoción compartida.

Y mientras el campeón alza los brazos, Xalapa levanta también su nombre. Porque hay días en que una ciudad late al ritmo de una pelota y en ese latido queda la huella, el aroma y el sabor de “Don Justo”, un café impregnando el alma de Veracruz.

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