- La gobernadora de Veracruz aplaude el relevo en la coordinación de Morena y lo vende como “fortalecimiento”, mientras enumera -con diplomacia quirúrgica- los pendientes que el senador tendrá que aclarar fuera del reflector parlamentario.
En política, dar “un paso a un lado” suele ser la forma elegante de admitir que alguien estorba más de lo que ayuda. La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, lo dijo con sonrisa institucional y retórica de carta: celebró la salida de Adán Augusto López Hernández como coordinador del grupo parlamentario de Morena en el Senado porque, aseguró, así se fortalecen los trabajos legislativos.
Nahle reconoció que el ahora excoordinador “hizo un buen trabajo”, pero consideró positivo que deje la conducción del Senado para sumarse al trabajo territorial del partido.
“Yo celebro y además le reconozco al senador Adán Augusto que haya tenido la altura de dar un paso a un lado por el bien del fortalecimiento del propio Senado”, afirmó la mandataria.
La gobernadora no evitó el elefante en la sala. Admitió que López Hernández ha estado señalado en “múltiples temas” que deberá salir a aclarar, porque -recordó- quien pisa el escenario público queda expuesto a “mil cosas”. Algunas más ruidosas que otras.
Desde su óptica, la salida del tabasqueño permitirá que el Senado opere con mayor “fortaleza sólida”, esa que se necesita para dialogar, convivir y discutir con todos, sin cargar costales ajenos. Un Senado ligero de equipaje, pues.
En su lugar, asumió la coordinación Ignacio Mier, a quien Nahle deseó éxito recordando que fue líder parlamentario en la Cámara de Diputados. Sabe dirigir, sabe legislar y, sobre todo, sabe cuándo quedarse y cuándo no.
Morena reacomoda fichas mientras el discurso oficial habla de unidad y fortalecimiento. En los hechos, Adán Augusto cambia el escaño por el territorio, y el Senado gana algo de oxígeno. La política sonríe mientras ajusta cuentas.







