Xalapa, Ver.- La confrontación interna en Morena Veracruz volvió a quedar al descubierto este día, luego de que la gobernadora Rocío Nahle respondiera con dureza a su correligionario, el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara, quien se erigió como defensor de trabajadores del sector salud inconformes con el pago de su bono navideño mediante tarjetas electrónicas canjeables en tiendas Chedraui.
Huerta, fiel a su estilo incendiario, comparó este mecanismo con las tiendas de raya del Porfiriato, equiparándolo con prácticas que -según su discurso- detonaron la Revolución Mexicana, en un intento evidente por avivar el descontento social y colocarse nuevamente en el escaparate político.
La respuesta de la gobernadora no se hizo esperar. A pregunta expresa de reporteros, Nahle fue tajante al señalar que Manuel Huerta “nunca ha trabajado… en la industria”, por lo que desconoce por completo los esquemas de pago de bonos, incentivos y compensaciones que desde hace décadas se aplican mediante tarjetas electrónicas tanto en el sector privado como en el público.
La afirmación provocó risas entre los asistentes y una evidente sorna que la mandataria intentó matizar sin éxito. La mueca burlona de Nahle quedó registrada y fue interpretada como un mensaje político claro: el senador habla de lo que no sabe.
En los corrillos políticos, la gobernadora no hizo sino verbalizar lo que muchos piensan de Huerta: un personaje que nunca ha generado empleos, que no conoce la disciplina productiva y que ha construido su carrera desde la agitación, el conflicto y la explotación del enojo social. Sus críticos lo describen como un alborotador profesional, un vividor del sistema que ha medrado con la pobreza y la necesidad de la gente, utilizando causas sociales como trampolín político.
Sin embargo, la escena dejó al descubierto otra contradicción. Mientras Nahle descalificaba la falta de experiencia laboral del senador, a su costado se encontraba Ernesto Pérez Astorga, secretario de Desarrollo Económico del estado, un funcionario señalado por su comprobada incompetencia, su inclinación a la comodidad burocrática y su escaso impacto real en la economía veracruzana.
Así, el episodio no solo evidenció el choque entre Nahle y Huerta, sino también las inconsistencias internas de un movimiento que presume cercanía con el pueblo, pero que se consume en disputas, discursos grandilocuentes y personajes que poco o nada saben de trabajo productivo, industria o desarrollo económico real.







