En gira por Orizaba, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, salió a vender optimismo en formato de entrevista: todo va bien, el equipo es “sólido” y, por ahora, nadie se mueve de su silla, ni siquiera en el sensible -y colapsado- sector salud.

Cuestionada sobre la posible salida del doctor Valentín Herrera Alarcón de la Secretaría de Salud, la mandataria respondió con el clásico manual del poder: el tema “se está analizando” y no hay prisa. Traducción política: mientras no truene más fuerte, el doctor sigue respirando. Eso sí, Nahle defendió a su gabinete asegurando que “ha dado resultados”.

En materia de seguridad, la gobernadora aseguró que los avances son “visibles”, previo a la mesa de seguridad en Orizaba con autoridades estatales y federales. Mesas hay, reuniones sobran y discursos no faltan; lo que sigue pendiente es que la percepción ciudadana coincida con la versión oficial, porque en varias regiones del estado la tranquilidad sigue siendo un lujo intermitente.

Donde sí sacó la calculadora fue en finanzas. Nahle presumió que en el primer año de su administración se pagó el 42 por ciento de la deuda heredada. Un dato oscuro, de magia contable que sólo sirve para adornar conferencias, aunque para el veracruzano de a pie la pregunta sigue siendo la misma: ¿y eso en qué se nota?, porque carreteras, servicios y obra pública aún no reflejan el alivio financiero que se anuncia.

En educación, la gobernadora recordó que la Secretaría encabezada por Claudia Tello atiende “el sistema más grande del gobierno estatal” y que se avanza. Avance que, como suele ocurrir, se mide desde el escritorio, mientras maestros, padres y alumnos siguen lidiando con viejos problemas reciclados.

Sobre empleo, Nahle celebró que Veracruz esté en el quinto lugar nacional con menor desempleo, logro atribuido a ferias del empleo y nuevas inversiones. El detalle es que muchos de esos empleos siguen siendo mal pagados, temporales o parte de la estadística creativa que tanto gusta presumir sin evidenciar.

Finalmente, la Secretaría de Desarrollo Económico fue presentada como joya de la corona, con inversiones “como nunca antes”. Una frase conocida en la política veracruzana, donde el “como nunca” suele repetirse sexenio tras sexenio, mientras la realidad económica de miles de familias apenas alcanza para sobrevivir.

En resumen, Nahle pintó un Veracruz que avanza, progresa y paga deudas, aunque fuera del micrófono persista la sensación de que el optimismo gubernamental camina mucho más rápido que la realidad. En Palacio todo va bien; en la calle, el veredicto sigue pendiente.

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