En Veracruz se celebra un cuarto lugar como si fuera medalla de oro. Los propagandistas oficiales -siempre diligentes- han salido a vender como hazaña lo que en realidad es una colección de calificaciones apenas aprobatorias. La más reciente encuesta de Rubrum, correspondiente a marzo de 2026, les dio el pretexto perfecto para inflar globos, aunque estén medio desinflados.

Rocío Nahle García aparece en cuarto sitio nacional entre 13 gobernadoras evaluadas. En desempeño gubernamental obtiene 6.45. Traducido del lenguaje triunfalista al castellano llano: un seis y medio raspado. Aun así, la maquinaria oficial lo presenta como “resultado histórico”, omitiendo que tres entidades -Aguascalientes, Chihuahua y Guanajuato- la superan sin demasiada dificultad.

En seguridad pública el número es todavía más elocuente. 5.21 de calificación y otra vez el cuarto lugar. Una nota que en cualquier aula sería motivo de preocupación aquí se anuncia como logro estratégico. Campeche, Aguascalientes y Chihuahua encabezan el listado, mientras Veracruz se acomoda en la zona tibia, donde no se fracasa del todo, pero tampoco se presume excelencia sin rubor.

La cercanía con la población tampoco escapa al síndrome del “casi”. 6.13 y nuevamente la cuarta posición. El mensaje oficial insiste en una gobernadora próxima, sensible y en contacto permanente con la gente; la cifra, en cambio, refleja una percepción que apenas rebasa el trámite. Cercanía suficiente para la foto, insuficiente para la ovación.

El estudio fue levantado del 24 al 27 de febrero de 2026 mediante mil encuestas telefónicas automatizadas por estado, con margen de error de +/- 3.8 por ciento. Una metodología estándar que ofrece una radiografía clara. Veracruz no lidera ningún rubro y sus notas están lejos de ser brillantes.

Pero en tiempos donde la propaganda sustituye a la autocrítica, el cuarto lugar se convierte en trofeo y el seis raspado en excelencia administrativa. La narrativa oficial intenta convertir la medianía en proeza. La realidad estadística, fría y poco complaciente, cuenta otra historia, la de un gobierno que no despega y que necesita boletines entusiastas para maquillar lo evidente.

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