En la lógica discursiva de la gobernadora Rocío Nahle, la realidad no se niega, se edita. Bajo esa premisa, decidió ensayar un nuevo formato narrativo donde las cifras dejan de significar lo que indican y las deudas, por virtud retórica, se desvanecen.

Este día, en entrevista telefónica, la mandataria rechazó que su administración haya contraído compromisos por más de 4 mil 860 millones de pesos a inicios del año, información que ayer se dio a conocer aquí en Palabras Claras. Sin embargo, en una maniobra semántica predecible, defendió los empréstitos gestionados con BBVA México, reduciéndolos a una supuesta “renegociación”, término funcional para diluir responsabilidades sin modificar el fondo del asunto.

La gobernadora dijo que la deuda con Banobras fue absorbida por BBVA con menores intereses. En su narrativa, lo que era un pasivo oneroso muta en virtud administrativa. No hay endeudamiento, insiste; hay disciplina. No hay carga; hay estrategia. No hay problema; hay oportunidad.

Si “no nos vamos a endeudar”, ¿cómo se denomina entonces sustituir un acreedor por otro? El maquillaje terminológico no cancela la obligación. Cambia el significante; la deuda permanece.

El discurso se completa con una promesa a futuro: en cinco años, Veracruz dejará de figurar entre las entidades más endeudadas del país. La fórmula incluye disciplina financiera, mayores recursos federales y crecimiento económico. Todo proyectado hacia adelante, donde el tiempo funciona como amortiguador político del presente incómodo.

Aquí el lenguaje no explica, encubre. Opera como herramienta de poder para redefinir la percepción pública. La deuda deja de ser problema cuando se le rebautiza. La crítica se diluye cuando el relato se blinda con tecnicismos.

Así, Veracruz no se endeuda: “se desendeuda”. No solicita crédito: “optimiza”. No arrastra pasivos: “construye futuro”. Y en ese juego de espejos, la ciudadanía queda atrapada entre lo que se dice y lo que efectivamente se debe.

Para cerrar el círculo, los voceros y escribidores oficiosos despachan cualquier señalamiento como “fake news”. Pero aquí no hay interpretación, hay registros oficiales ante la Secretaría de Hacienda.

La aritmética no admite metáforas. Y por más que el discurso se estire, los números siguen ahí.

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