En Poza Rica no hace falta un huracán para exhibir el desastre, basta una lluvia intensa de lunes para que el drenaje vuelva a rendirse y el agua encuentre el camino más corto, hacia las casas.

Colonias como Lázaro Cárdenas, Gaviotas, Floresta, Florida, Ignacio de la Llave y Morelos reportaron lo de siempre: alcantarillas rebasadas, calles convertidas en canales y viviendas invadidas por aguas negras. Por desgracia ya no es sorpresa para los afectados, se han acostumbrado a la rutina narrativa de las autoridades estatal y municipales de Morena. Los vecinos lo dicen sin rodeos: la red de drenaje sigue igual de abandonada que el último temporal; aquel que provocó el “ligero desbordamiento” que vio la gobernadora Rocío Nahle.

El libreto oficial se activó con puntualidad. Protección Civil despliega recorridos, levanta reportes y “evalúa daños”. La escena se repite: funcionarios en botas, diagnósticos preliminares y promesas en pausa. Solución estructural, ninguna.

“Aún no terminamos de reparar lo anterior y ya estamos otra vez en lo mismo”, reclaman familias que viven entre el hartazgo y la resignación. La frase es el diagnóstico social de un servicio básico que dejó de serlo.

En el capítulo preventivo, el río Cazones se mantiene -según autoridades- dentro de parámetros “seguros”. Hay monitoreo permanente y guardias activas. El río, por ahora, no es el problema. El problema está bajo tierra, en una infraestructura que colapsa antes de que el nivel del agua suba.

En ese sentido, el riesgo mayor no viene del cauce natural, sino de la incapacidad urbana para drenar lo elemental. En Poza Rica, la emergencia no es la lluvia; es la memoria corta.

Publicidad