En Veracruz quedaron inaugurados dos estados. El primero aparece en las fotografías oficiales con listones cortados, templetes, autobuses nuevos, convenios bancarios, festivales de cuarta, ferias regionales y discursos sobre transformación. El segundo aparece en las carpetas de investigación, en las cintas amarillas y en los reportes policiacos.

Desde Palacio de Gobierno la gobernadora Rocío Nahle presume que “Veracruz está de moda” y que hay un “Veracruz seguro”, pero en apenas 30 horas fueron asesinadas al menos ocho personas y otras tres resultaron lesionadas en distintos municipios del estado.

La realidad volvió a cometer el error de no coordinarse con Comunicación Social, mucho menos con los repetidores oficiales del boletín.

Los hechos violentos comenzaron desde el 17 de mayo con el feminicidio de dos comerciantes. El 19 asesinaron a un hombre en Poza Rica. Después vinieron más ejecuciones, más disparos y más escenas acordonadas.

El jueves fue asesinado Carlo Cano, gerente del Ingenio Central La Providencia. Hombres armados lo interceptaron sobre la carretera Yanga-Omealca, a la altura de San José de Abajo, en Cuitláhuac. Horas más tarde, en Coatzacoalcos, un comando ingresó al “Video-bar El Arrecife” y disparó contra los clientes. El ataque dejó un muerto y un lesionado.

Ayer viernes tampoco hubo tregua. En Poza Rica atacaron el depósito de cerveza “El Farolito”, frente a Plaza Garibaldi. Dos personas murieron y otras dos quedaron heridas. En Tlapacoyan ejecutaron a un hombre dentro de un automóvil sobre la carretera federal 129. En Cuitláhuac asesinaron al taxista Alexander López, conductor de la unidad 193. En Atzalan encontraron asesinada a Macrina Rodríguez dentro de su vivienda.

Mientras las fiscalías acumulan expedientes, el gobierno de Rocío Nahle acumula eventos. Ninguno contiene la violencia, pero todos mejoran la escenografía.

Veracruz se ha convertido en un estado donde las balas ponen la agenda y el gobierno morenista administra el silencio.

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