La gobernadora Rocío Nahle salió a vender otra vez en el sur del estado que ahora sí, ahora sí viene el “orden financiero” que pondrá a Veracruz “en el lugar que le corresponde”. Pero en tierras jarochas ya se aprendió que sólo son más promesas recicladas y menos resultados palpables.
Durante la Segunda Reunión Regional para el Saneamiento Financiero Municipal, Nahle aseguró que su administración busca liberar a los ayuntamientos de las cadenas de deuda heredadas por gobiernos anteriores.
Si bien es cierto que Veracruz arrastra un cadáver financiero desde la bursatilización de 2008, ese invento genial con el que políticos de otras épocas hipotecaron participaciones municipales como aquellos que empeñan la licuadora para seguir la fiesta.
Según la administración de Nahle, 199 municipios siguen atrapados entre descuentos, pagos eternos y compromisos con la CONAGUA y el SAT que les comen recursos destinados a calles, seguridad y servicios básicos. Se les está diciendo a los alcaldes que siguen administrando ruinas mientras la deuda sigue puntual.
La mandataria presumió que su administración ya logró reducir parte de la deuda estatal heredada -más de 119 mil millones de pesos- gracias a la “disciplina financiera”. La mandataria sigue machacando que Veracruz sigue pagando los excesos de sexenios donde se gobernó con chequera abierta, corrupción institucionalizada y una creatividad contable digna de prestidigitador de feria.
El secretario de Finanzas, Miguel Santiago Reyes, presentó un esquema respaldado por Hacienda que promete recortar plazos de pago hasta seis años y liberar participaciones retenidas. En el papel, el plan parece oxígeno puro para municipios quebrados. En la práctica, el reto será demostrar que no se trata solamente de patear la deuda hacia adelante con otro empaque burocrático.
En Veracruz la palabra “reestructura” significa cambiarle de nombre al problema para presumir que ya se resolvió.
Nahle pidió a los alcaldes actuar “con responsabilidad” y aprobar el esquema en Cabildo, pero muchos municipios ni siquiera pueden tapar baches sin endeudarse, sin embargo, ahora deberán confiar otra vez en fórmulas financieras diseñadas desde arriba, esas mismas que históricamente han terminado beneficiando más a despachos y bancos que a los ciudadanos.
Por su parte, el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, calificó la propuesta como “una oportunidad histórica”. En Veracruz, todo termina siendo histórico: la deuda histórica, el saqueo histórico, el rezago histórico y, por supuesto, el rescate histórico.
Desde Hacienda, Antonio Cabrera Solares aseguró que el mecanismo “no tiene precedentes” a nivel nacional. No obstante, Veracruz lleva años convirtiéndose en laboratorio nacional de cómo sobrevivir políticamente mientras las finanzas públicas siguen en terapia intensiva.
El problema de fondo permanece. Municipios pobres, recaudación débil, dependencia absoluta de participaciones federales y gobiernos que cada sexenio prometen sanar las finanzas como si administraran milagros y no cuentas públicas.
Los veracruzanos siguen esperando agua, seguridad, calles transitables, desarrollo económico y servicios dignos. El ciudadano de a pie no vive de discursos sobre saneamiento financiero. Vive -o sobrevive- de resultados.








