En una capital que enfrenta rezago económico, baja inversión y un mercado laboral estancado, el balance oficial de junio presentado por la Dirección General de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Xalapa, encabezada por Fernando Arana Watty, retrata una agenda centrada en actividades de bajo alcance, mientras los indicadores de inversión, empleo formal y competitividad permanecen fuera del informe.
La nueva modalidad de ‘comunicación política’ termina por exhibir el tamaño de la gestión de quienes ocupan áreas estratégicas de la administración municipal: mucho reporte de actividades y pocos resultados que impacten la economía de la ciudad.
La dependencia redujo su comunicado a una relación de eventos menores, sin un sólo dato sobre atracción de inversiones, instalación de empresas, generación de empleos formales, fortalecimiento industrial o crecimiento de la actividad económica.
Entre los “logros” destaca una conferencia para difundir el Régimen Simplificado de Confianza (RESICO), una disposición fiscal cuya promoción corresponde a las autoridades hacendarias federales. La Dirección municipal presentó la explicación de una norma tributaria como si se tratara de una política pública propia.
El segundo apartado refiere un taller de cooperativismo con la asistencia de 55 personas. Sin embargo, el informe no acredita la creación de empresas, cooperativas constituidas, proyectos financiados o empleos derivados de esa capacitación.
En materia comercial, la dependencia presume una jornada de descuentos en el Mercado Los Sauces con la participación de 49 locatarios. Se trata de una acción de consumo inmediato que no modifica el estancamiento del comercio local ni atiende los problemas estructurales de la informalidad.
La cuarta actividad ilustra el alcance del balance institucional: la asistencia protocolaria al torneo tecnológico “FutBol MX”, un evento organizado, financiado y operado por el COVEICYDET, donde la participación del Ayuntamiento se limitó a hacer acto de presencia.
Con esa numeralia, la Dirección General de Desarrollo Económico justificó un mes completo de operación presupuestal.
El reporte omite cualquier referencia a inversiones privadas captadas, apertura de industrias, incentivos para emprendedores, financiamiento empresarial, instalación de nuevas unidades económicas o incremento del empleo formal. Tampoco incorpora indicadores de productividad, competitividad o crecimiento económico.
En los hechos, la política de desarrollo económico fue sustituida por la administración de cursos, eventos y actos protocolarios. El Ayuntamiento terminó por confundir la organización de actividades con una estrategia de desarrollo y la presencia institucional con resultados para la economía local.
Cuando una dependencia creada para atraer inversiones y generar empleo presume conferencias, talleres, jornadas de descuentos y fotografías de protocolo como sus principales avances, el problema no es únicamente de comunicación institucional, sino de gestión pública.
La realidad es que los indicadores de desarrollo siguen ausentes y la numeralia burocrática intenta llenar el vacío que deja la falta de resultados.






