Xalapa, Ver.- La capital veracruzana registra un aumento sostenido en su temperatura media, con incrementos de entre 0.3 y 0.5 grados Celsius por década, en una tendencia que ya impacta las condiciones de vida urbana. El fenómeno no es aislado: responde tanto al cambio climático global como a factores locales, particularmente la expansión urbana y la pérdida de cobertura vegetal.

En los últimos 20 años, la temperatura máxima promedio en Xalapa pasó de 21°C a un rango cercano a los 25°C, es decir, un incremento aproximado de 2 grados. Este ajuste, aunque aparentemente marginal, implica una alteración significativa en los patrones climáticos de una ciudad históricamente caracterizada por su clima templado-húmedo.

Los registros extremos confirman la presión térmica. El máximo histórico alcanza los 39.5°C, una cifra que en años recientes ha estado cerca de repetirse, como ocurrió en mayo de 2024, cuando se reportaron 38.8°C en el contexto de olas de calor más intensas y frecuentes.

Uno de los factores determinantes es el efecto de “isla de calor”. En las zonas urbanizadas, las superficies impermeables —asfalto, concreto, infraestructura— elevan la temperatura del suelo y del aire circundante. En contraste, áreas con mayor cobertura vegetal, como la región de Briones, mantienen condiciones térmicas más estables y frescas, evidenciando el impacto directo de la transformación del territorio.

El calentamiento no se limita al día. Las temperaturas mínimas también muestran una tendencia al alza, con incrementos cercanos a 0.033°C por año. Esto se traduce en noches progresivamente más cálidas, reduciendo los periodos de enfriamiento natural y afectando tanto el confort térmico como los ciclos ecológicos.

A mediano plazo, las proyecciones refuerzan el escenario. Estudios de la Universidad Veracruzana estiman que hacia 2050 podría mantenerse un incremento adicional de alrededor de 0.02°C anuales atribuible a factores climáticos globales, lo que consolidaría una tendencia de calentamiento acumulativo.

Para 2025 y 2026, se anticipa la continuidad de este patrón, con episodios de calor extremo más prolongados, especialmente durante mayo y junio. En términos operativos, esto implica mayor presión sobre servicios urbanos, consumo energético elevado y riesgos crecientes para la salud pública.

El cambio ya no es proyectado, está en curso. Y en Xalapa, la transición de ciudad templada a entorno térmicamente estresado comienza a medirse en grados y en consecuencias.

Publicidad