El 15.8 por ciento de niñas y niños de entre 1 y 4 años en México presenta niveles de plomo en sangre considerados tóxicos, lo que equivale a aproximadamente 1.2 millones de menores, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022-2024.

El problema se agrava en entidades del centro del país. En Puebla, hasta la mitad de la población infantil en ese rango de edad registra intoxicación, mientras que en San Luis Potosí y Tlaxcala la proporción alcanza a cuatro de cada diez menores. Las cifras, difundidas a finales del año pasado, evidencian una crisis de salud pública con fuerte concentración regional.

Al proyectar estos datos al total de la población infantil y adolescente, especialistas estiman que cerca de 3.3 millones de menores en el país podrían estar expuestos a este metal pesado en niveles dañinos.

Las principales fuentes de exposición al plomo en México se concentran en tres vías: el uso de utensilios de barro mal cocido para la preparación de alimentos, que representa casi la mitad de los casos; la actividad de plantas recicladoras de baterías; y la transmisión prenatal, derivada de la exposición de las madres durante el embarazo.

Los efectos del plomo en la salud son severos y de largo alcance. Entre ellos se documentan complicaciones en el embarazo, abortos espontáneos y partos prematuros, así como alteraciones en el neurodesarrollo infantil que impactan la capacidad motriz, el lenguaje y el coeficiente intelectual. También se asocian con problemas reproductivos en varones y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Aunque la contaminación por plomo se distribuye en todo el territorio nacional, los registros más elevados continúan localizándose en la región centro, donde persisten prácticas y condiciones que favorecen la exposición crónica a este contaminante.

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