Conacyt registra un retraso en el depósito del “Apoyo a Madres mexicanas Jefas de Familia para Fortalecer su Desarrollo Profesional”, por lo que las beneficiarias piden una respuesta institucional.

Agencia Reforma

Al comenzar a estudiar ingeniería ambiental en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Angélica Ruiz tuvo que mudarse de Tonalá a Tuxtla Gutiérrez.

Ante el reto de iniciar su vida universitaria en otra región, en varias ocasiones la joven madre soltera debía dejar a su hijo pequeño al cuidado de su mamá, quien procuraba ayudarle económicamente tanto como le fuera posible.

“Si bien me iba, a la semana me daba 150 pesos para vivir en Tuxtla. Con 150 de verdad que yo no hacía nada; en la capital la vida es más cara que donde yo vivo”, recuerda la joven en entrevista.

“Entonces había días en los que yo ni siquiera comía; como no tenía internet, debía ir a un cibercafé, y a veces poner una recarga de 50 pesos a mi celular y ya nada más me quedaban 100”.

De ahí que una beca como el “Apoyo a Madres mexicanas Jefas de Familia para Fortalecer su Desarrollo Profesional”, que otorga el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), constituyera un verdadero alivio para solventar sus gastos.

“Sí es un gran apoyo para todas las chicas que estamos estudiando, más que nada con los gastos de la renta o de la escuela de nuestros hijos”, destaca Angélica, momentáneamente interrumpida por su hijo de casi 4 años.

Sin embargo, ahora ella y un numeroso grupo de estudiantes de licenciatura beneficiarias de todo el País enfrentan la incertidumbre de no saber si continuarán en el programa, a pesar del compromiso institucional de otorgarles el estímulo hasta que se completen los ciclos académicos necesarios para la obtención del título de grado.

“Conacyt te firma por los meses que te quedan para terminar tu carrera, y cada semestre te manda un convenio de formalización para poder pagarte”, explica Tania Arcos, quien como estudiante de ingeniería electromecánica y madre soltera de una niña de 10 años resultó beneficiada por 36 meses -el plazo máximo-, siempre y cuando siguiera cumpliendo semestre a semestre con los requisitos.

“Y Conacyt paga por semestre que estás cursando, no semestre cursado. Ahorita en este semestre que estamos cursando no nos lo han pagado; nos lo debieron de pagar en mayo. Ya para ahorita, entre el 1 al 5 de junio, ya deberíamos de tener el depósito de cinco meses. Y no tenemos ni proceso de formalización”.

El año pasado, recuerda Xóchitl M., el convenio les llegó hacia finales de mayo; tras firmarlo, recibieron el depósito retroactivo desde enero precisamente en los primeros días de junio.

En tal ocasión, las becarias también llevaban esperando desde inicio de año, cuando un correo de Conacyt les indicó que en algún momento de los primeros cuatro meses del 2020 les mandarían el convenio para firmar y recibir el pago retroactivo.

“Este año, en enero recibimos un correo donde sólo nos dijeron que estuviéramos pendientes, que no había fecha. No nos dijeron que en cuatro meses, cinco o seis. Nunca nos dijeron nada, simplemente nos dijeron ‘un día de éstos'”, expresa Xóchitl M., una de las tantas jóvenes que han intentado, sin éxito, obtener información clara por parte de Conacyt.

“Nuestra inquietud es que ya pasaron seis meses. Yo entiendo que es un apoyo, que no hay fecha, pero es que ahora sí se pasaron. No sé si fue por las elecciones, lo cual también molesta porque no debería de ser motivo para que esto se quede atorado o que no nos tomen en cuenta”.

De acuerdo con la convocatoria del programa, el organismo que dirige María Elena Álvarez-Buylla -quien en varias ocasiones ha presumido este apoyo- tiene la obligación de suscribir electrónicamente el Convenio de Asignación de Beca.

Así como realizar la ministración de los recursos económicos a las becarias dentro de los primeros cinco días hábiles de cada mes, posterior a la conclusión de la formalización de dicho convenio.

Asimismo, y tal como se lee en el Apartado 4 sobre los principios que rigen la convocatoria:

“Los servidores públicos del Conacyt, en el ámbito de sus competencias, llevarán a cabo las acciones necesarias para garantizar que los recursos económicos asignados a la presente Convocatoria se administren con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados”.

Las jóvenes afectadas han manifestado su situación en redes sociales, y se han organizado en un grupo de WhatsApp con alrededor de mil 300 estudiantes de todo el País.

Muchas de ellas beneficiarias de este programa durante los últimos tres años; mientras que algunas otras recién aplicaron a la convocatoria lanzada en marzo pasado, y acusan a Conacyt de no darle seguimiento a sus solicitudes, pese a cumplir con los requisitos.

Parte del agobio de las jóvenes es que, a diferencia del incumplimiento del organismo, ellas no han faltado a los estrictos requisitos para ser seleccionadas, recibir y conservar el apoyo.

Particularmente la condición de ser alumnas regulares, sin materias reprobadas y manteniendo un promedio general mínimo de 8.0 en sus estudios profesionales de educación superior, técnico superior universitario o licenciatura, según se lee en la convocatoria.

Al cumplir esto, además, de ser madres solteras, divorciadas, viudas o separadas; de nacionalidad mexicana, y fungir como jefas de familia, entre otros requisitos, las jóvenes son beneficiadas con un monto mensual de 4 mil pesos; un monto único anual por 2 mil pesos para gastos de material escolar, y servicio médico proporcionado por el ISSSTE durante el periodo de vigencia de la beca con cobertura para la becaria e hijos.

“Nos exigen mucho para ser aceptadas, y este semestre, literal, nos dejaron botadas. No nos dan respuesta, no nos dicen absolutamente nada en el Conacyt”, reclama Tania Arcos, quien está por terminar la carrera de ingeniería electromecánica en el Instituto Tecnológico Superior de los Ríos, en Villahermosa, Tabasco.

En su caso, si bien la beca ha sido un gran apoyo para continuar con su formación, ha tenido que complementar sus ingresos con un trabajo de medio tiempo, aprovechando que esta ayuda del Estado, a diferencia de muchas otras, no les prohíbe laborar; aunque no pueden aplicar a otro tipo de estímulo.

“Créeme que la beca a mí me ha ayudado bastante; yo estoy terminando mi carrera gracias a esta beca. Pero no te da, por ejemplo, para tu despensa diaria. Tú tienes que trabajar para lo demás”, cuenta la joven, quien además de estudiar, labora cinco horas diarias por un salario de 700 pesos a la semana.

“Yo estoy por iniciar residencia, y esa beca era prácticamente mi ahorro para ir a hacerla a algún lugar, tranquila y sin preocuparme de que no tengo dinero para transporte o documentación”, añade.

Por su parte, Xóchitl M., madre de una niña de 5 años y estudiante de ingeniería en software en la Universidad Politécnica de Pachuca, señala que para algunas beneficiarias resulta muy complicado trabajar sin descuidar la escuela y con ello arriesgar la beca.

Ella ha utilizado el dinero de este apoyo para sus colegiaturas y pasajes, pero sobre todo para pagar mes con mes la estancia en la cual cuidan a su hija mientras ella estudia. Al menos cuando debía ir presencialmente a clases.

“Ahorita en este caso, yo requiero la beca porque como ya voy a salir de la carrera, necesito pagar varias cosas de la titulación”, detalla.

“Además de que como ya voy a salir, necesito buscar trabajo y seguramente voy a tener que moverme no sé si a la Ciudad de México o a donde sea, y todo lo que tenía (ahorrado) ya se me fue desapareciendo. Entonces también lo requiero para esos gastos”.

Algunas de sus compañeras beneficiarias, muchas de las cuales se quedaron sin empleo a causa de la pandemia de Covid-19, sencillamente temen que si dejan de recibir la beca deban darse de baja de la escuela. “O come mi hijo, o pago mi renta, o pago la universidad”, refiere Tania.

Por lo que la exigencia que hacen a la directora y autoridades de Conacyt es clara y puntual: actualicen el convenio de formalización y depositen lo correspondiente al semestre en curso.

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