Ante el riesgo inminente de perder el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones legislativas de mitad de mandato, el presidente Donald Trump ya activó su estrategia de defensa institucional: el veto presidencial. A tan solo horas de que arranquen las votaciones, el mandatario estadounidense ha dejado en claro que empleará el alcance constitucional de sus facultades ejecutivas como una “bazuca” política para paralizar cualquier intento legislativo promovido por el Partido Demócrata.

En una reciente entrevista concedida el pasado 1 de noviembre al pódcast de The New York Post, el propio jefe de Estado asumió de forma directa este posible escenario: “Supongo que me convertiré en el ‘Señor Veto’. No voy a dejar que lo arruinen”. Fiel a su estilo, Trump matizó que la parálisis legislativa obligará a la oposición a sentarse a la mesa: “Te estarán enviando cosas. Tú las vetarás. Y eventualmente, después de uno o dos meses de que todo sea vetado, vienen y haces un acuerdo. Esto no sería la primera vez”.

El peso del veto: una barrera casi insuperable

De acuerdo con el Artículo I, sección 7 de la Constitución de Estados Unidos, el Ejecutivo dispone de un plazo de 10 días (sin contar domingos) para promulgar o vetar un proyecto aprobado por el Capitolio.

  • El veto regular: Para revertir una objeción presidencial ordinaria, ambas cámaras deben reunir una supermayoría de dos tercios de los votos presentados. En un Congreso con asistencia completa, los demócratas requerirían alcanzar 290 votos en la Cámara de Representantes y 67 en el Senado, una cifra prácticamente inalcanzable en el actual mapa de polarización partidista. Bastaría con que los republicanos mantengan un tercio más uno en cualquiera de las Cámaras para blindar la postura de la Casa Blanca.
  • El veto de bolsillo (pocket veto): Mecanismo absoluto que aplica cuando el presidente declina firmar una propuesta y el Congreso se encuentra en receso sine die (indefinido) al término de su sesión,imposibilitando su devolución. Utilizado por primera vez por James Madison en 1812, esta modalidad no permite derecho a reconsideración por parte de los legisladores.

Un historial de choque en la Casa Blanca

El uso extensivo de este recurso no resulta ajeno a la gestión del magnate. Durante su primer mandato (2017-2021), Trump aplicó la objeción presidencial en 10 ocasiones frente a la Cámara de Representantes dominada por la oposición; en solo un caso el Congreso logró reunir la votación necesaria para revertirlo. En lo que va de su segundo periodo presidencial, el mandatario ha recurrido a este mecanismo en dos oportunidades.

“Trump puede detener todo, pero nada puede detener a Trump”

Especialistas e instituciones de análisis coinciden en que una eventual victoria demócrata alterará las formas,pero difícilmente neutralizará al mandatario en áreas estratégicas:

  • Parálisis normativa: Ross K. Baker, especialista en el Congreso de la Universidad Rutgers, anticipa un escenario de bloqueo sistemático: “Él no es conciliador y podría vetar todo lo que llegue a su escritorio desde un Congreso demócrata, incluso iniciativas populares como la reducción en costos de salud”.
  • Presupuesto y defensa: Michael O’Hanlon, analista del Instituto Brookings, subraya que la verdadera fuerza demócrata radicará en la negociación presupuestaria. El intento de Trump por asegurar 350.000 millones de dólares en gasto militar obligatorio para el año fiscal 2027 quedaría sepultado, forzando a la Casa Blanca a someterse a la supervisión fiscal ordinaria.
  • Gobierno vía decretos: Rogier Quaedvlieg, economista sénior de ABN AMRO, sentencia la dinámica del conflicto: “Trump puede detener todo, pero nada puede detener a Trump. La administración ha estado gobernando mediante órdenes ejecutivas evitando al Congreso, lo que hace que su composición sea menos relevante”.

Aunque los resultados de la jornada electoral comiencen a trazarse en las próximas horas, el eventual cambio de poder legislativo no operará de inmediato. La 20.ª Enmienda constitucional establece que los miembros electos asumirán el cargo hasta el 3 de enero de 2027. Hasta esa fecha, el actual Congreso mantendrá funciones completas bajo el periodo conocido como la sesión del pato cojo (lame-duck session).

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