Donald Trump reactivó su presión sobre la Reserva Federal (Fed) al lanzar un ultimátum económico: la entidad monetaria reduce las tasas de interés de inmediato o Estados Unidos interrumpirá el comercio con aquellos países con los que mantiene un déficit comercial.

A través de su red Truth Social, el mandatario estadounidense condicionó los intercambios internacionales a la política monetaria interna. “Bajen la tasa o dejaré de comerciar con los países con los que tenemos un déficit”, aseveró el inquilino de la Casa Blanca.

Para respaldar su postura, el presidente sostuvo que la Corte Suprema reconoce la facultad legal del Ejecutivo para instrumentar una medida de esta naturaleza. Argumentó que dicho fallo le otorga la potestad absoluta para frenar estas transacciones comerciales, alternativa que calificó como superior a la aplicación de aranceles.

El pronunciamiento de Trump se dio como respuesta a la publicación del informe mensual de empleo, cuyo resultado superó las proyecciones del mercado. Según la postura de la Casa Blanca, la fortaleza del mercado laboral y la solidez crediticia del país justifican costos de financiamiento más bajos.

Bajo este argumento, el mandatario dirigió su exigencia directamente al presidente de la Fed, Kevin Warsh, instándolo a flexibilizar la política monetaria. Afirmó que sostener tasas elevadas coloca a la economía estadounidense en una posición de desventaja injusta frente al resto del mundo, por lo que defendió que Estados Unidos debería registrar el costo de endeudamiento más bajo a nivel global.

Este mensaje marca el resurgimiento de las tensiones entre el Ejecutivo y el banco central estadounidense, un diferendo que se había moderado tras la designación de Warsh. La maniobra ocurre a dos meses de los comicios de mitad de mandato, en un contexto donde el descontento social por la inflación y los saldos deficitarios en la balanza comercial se mantienen en el centro del debate político y económico.

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