La pobreza para Javier Duarte sólo estaba presente en un par de casas que emergían de los cerros que rodeaban su rancho de El Faunito, fuera de eso, todo lo demás era abundancia.
El rancho, que pretendía ser su hogar de retiro al término de su gubernatura, está plagado de opulencia y por primera vez se abrieron sus puertas al público en general.
Si bien el abandono, descuido y falta de mantenimiento de hace más de un año se ve reflejado en la maleza, la humedad de las paredes o en el propio saqueo que ha tenido, no deja ser un lugar bello, rodeado de amplios jardines, escaleras hechas con piedra de cantera.
Terrazas y miradores por donde sea, calentadores, asadores, pasillos con plantas colgantes, pequeños arroyos y hasta una cancha de tenis.
Ver el rancho El Faunito y contrastarlo con la pobreza que hay en Veracruz y que incluso, tal vez le disgustaba a Duarte de Ochoa, cuando desde su alberca al mirar hacia hermosa vista de los cerros, brotaban unas cuantas casas de cartón.
Esa pobreza, era la única que estaba presente en El Faunito, donde las enormes extensiones de jardines, las tirolesas, las canchas de futbol, tenis, asadores, terrazas y escaleras labradas en piedra solo muestras la ostentosidad con la cual Duarte de Ochoa pretendía vivir al término de su gestión como gobernador.
Se desconoce el precio que tuvo la compra de este terreno, su construcción y su equipamiento, pues cuando Javier Duarte era gobernador y ya ocupaba este lugar, todas las habitaciones estaban climatizadas, los apagadores de luz permitían regular el brillo que se deseaba, las cerraduras de hierro forjado fueron traídas desde Europa.


