El día primero de diciembre llegaron las siete pestes a la burocracia estatal. A ese sector poblacional compuesto por los trabajadores al servicio del gobierno del estado de Veracruz -tanto a los empleados como a sus modestas familias- le llegó una serie de calamidades y tragedias que empeoran su sufrida realidad socioeconómica.

Aunque existen algunos funcionarios recién designados que poseen un aceptable perfil profesional y saben comportarse a la altura, también es cierto que muchos otros carecen de la preparación, trayectoria y sensibilidad política para el cargo que les fue ofrecido y para tratar con alguna humanidad a los oficinistas de las distintas dependencias de gobierno.

Los que tuvieron la obligación o necesidad de esperar a los nuevos generales designados por el gobernante, ya conocieron a sus superiores, pasaron el trago amargo y vivieron el desencuentro y la decepción. 

La guadaña del cese arrasó en SEFIPLAN, SEV, SIOP, SEDARPA, SEDESOL, SEGOB, SEDEMA, COBAEV, Espacios Educativos, TEBA, CAEV e innumerables instancias más.

Los desconsolados y aturdidos empleados, observaron a numerosos jefes que carecen de tablas, de virtudes y de todo lo demás, y empezaron a recibir comunicados de desalojo de escritorios, de firma de renuncias, o de reducción de remuneraciones. En suma, aquellos que confiaban por haber hecho campaña en favor de Andrés Manuel y Morena, sintieron en carne propia la máxima sentencia desfavorable de las transiciones políticas: “Disculpa, no te conozco, y yo nunca te pedí que hicieras algo por nosotros”.

Después de que las “benditas redes sociales” y los sorprendidos medios de comunicación han informado de los miles de despedidos en la época decembrina en todas las áreas, empieza a trascender que el responsable de esa terrible medida es un poderoso guerrero de la galaxia ubicado desde las mismas oficinas de Sefiplan, a quien su rauda espada le permite dar la voz tronante. Es un guerrero que se siente tocado por la gracia divina, que hace y deshace sin ton ni son, pero con mucha conveniencia, desde la oficina central de los dineros jarochos.

Lo que no saben a ciencia cierta la gente, los despedidos y los posibles damnificados de enero, febrero y marzo, es si ese guerrero es de verdadera sangre real o si sólo es un cumplido comandante de los ejércitos imperiales del valle de Anáhuac.

Por lo pronto, comienza el desencanto y empiezan a desvanecerse decenas de miles de votos futuros que otrora fueron para Morena y las causas democráticas de Andrés Manuel. 

Acaso están leyendo el mismo libro de cabecera que desgastó Yunes Linares.

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