Xalapa, Ver. La conversión se relaciona con la justicia, la verdad, la solidaridad, la rectitud, la transparencia; por ello, todo el que se encuentra con Dios y acepta su mensaje no puede convivir con la maldad, ni participar en actos de corrupción o practicar la violencia en cualquiera de sus formas. 

Lo anterior lo planteó el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes, en su comunicado dominical al exponer que, la conversión la necesitamos todos. 

“Nadie es tan bueno que no tenga que corregirse o superarse en alguna cosa o aspecto de su vida. En este sentido la conversión no se reduce sólo al ambiente religioso, sino que es necesaria y saludable para todos”, añadió.

Refiere que ante un tejido social lastimado y dado que se están viviendo y sufriendo sus efectos, es necesaria la transformación, ser mejores personas, recuperar los valores humanos que permitan el respeto de unos a otros, superar el egoísmo y mejorar el ambiente donde se desarrollan nuestras vidas, aseveró la Arquidiócesis de Xalapa.

Recuerda que, con el miércoles de ceniza se comienza en la Iglesia Católica el tiempo de la cuaresma. Se trata de un periodo especial de gracia para vivir la experiencia de encuentro: encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás. 

Suazo Reyes dijo que, en la cuaresma la comunidad católica se dispone a celebrar con júbilo la fiesta de la pascua que hace referencia al misterio de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús que se celebra en la Semana Santa, pero también, al paso del pecado a la gracia “al que estamos llamados todos los que somos discípulos de Jesús”.

La Cuaresma se inicia con la imposición de la Ceniza y la invitación de Jesús de “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15), por ello, la conversión y la fe son dos elementos fundamentales de la espiritualidad cuaresmal.

Expone que convertirse significa cambiar de mentalidad, cambiar el modo de ver y juzgar las cosas y, por consiguiente, en la circunstancia concreta de la vida, significa cambiar de conducta en el modo de proceder pues la conversión mueve a dejar los ídolos personales para hacerse discípulo de Jesús.

La respuesta a la llamada de Dios se expresará por medio de las diferentes prácticas que la Iglesia nos propone: ayuno, penitencia, prácticas de piedad, obras de misericordia.

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