Dormir varias veces al día y por periodos prolongados podría ser una señal de problemas de salud en adultos mayores. Un estudio de investigadores de la Harvard Medical School y el Massachusetts General Hospital detectó que las siestas largas, frecuentes y tomadas por la mañana se relacionan con un mayor riesgo de mortalidad.

La investigación fue publicada en la revista JAMA Network Open y siguió durante casi dos décadas a 1,338 personas mayores de 56 años. Los participantes utilizaron un dispositivo tipo reloj para registrar de forma continua sus patrones de sueño diurno.

El análisis encontró que cada hora adicional de siesta aumentó en 13% el riesgo de muerte por cualquier causa. Además, cada siesta extra durante el día elevó el riesgo en 7%.

Los investigadores también detectaron diferencias según el horario. Las personas que dormían principalmente por la mañana presentaron un riesgo 30% mayor de fallecer frente a quienes descansaban después del mediodía.

El estudio fue desarrollado por Chenlu Gao, Ruixue Cai, Xi Zheng, Arlen Gaba, Lei Yu, Aron Buchman, David Bennett, Lei Gao, Kun Hu y Peng Li, especialistas vinculados al Departamento de Anestesiología del Hospital General de Massachusetts y a la Escuela de Medicina de Harvard. También participó el Centro para la Enfermedad de Alzheimer de la Rush University.

La investigación utilizó actigrafía, un sistema que registra movimiento y reposo mediante sensores colocados en la muñeca. A diferencia de estudios previos, el trabajo no dependió de cuestionarios o recuerdos de los participantes sobre cuánto dormían.

Los datos provinieron del Proyecto de Memoria y Envejecimiento de la Universidad Rush, iniciado en 1997 en Illinois. La edad promedio de los participantes fue de 81 años y el 76% eran mujeres.

Durante el seguimiento, murieron 926 personas, equivalentes al 69.2% de la muestra.

Los investigadores aclararon que la siesta no provoca la muerte por sí misma. Señalaron que el sueño diurno excesivo podría funcionar como marcador de enfermedades no diagnosticadas, alteraciones neurológicas o trastornos del ritmo biológico.

El estudio también planteó que relojes inteligentes y dispositivos portátiles podrían utilizarse como herramientas de monitoreo para detectar riesgos de salud en adultos mayores antes de que aparezcan síntomas graves.

Los autores reconocieron limitaciones. La muestra estuvo integrada principalmente por personas blancas retiradas de Illinois, por lo que los resultados no pueden generalizarse a otras poblaciones o contextos culturales donde la siesta forma parte de hábitos cotidianos.

Publicidad