Un estudio hecho en Noruega con casi 750 infantes muestra que, por cada hora que el “progenitor principal” pasa al teléfono disminuye el puntaje en de sus hijos de entre cinco y siete años en una evaluación de su vocabulario
Si bien las preocupaciones sobre el aprendizaje y el uso de pantallas por parte de los niños se han generalizado en el mundo, tal parece que quienes también tendrían que dejar de lado sus propios teléfonos inteligentes son las madres y los padres para ayudar al desarrollo temprano del lenguaje en sus hijos.
De acuerdo con un estudio con 747 niños (49.9% varones y 50.1% de niñas) “el tiempo de uso de pantallas de teléfonos inteligentes por parte de los padres se asoció significativamente con un crecimiento más lento del vocabulario receptivo”, señala el reporte de la investigación publicado a mediados de agosto en el Journal of the American Medical Association.
También se encontró que “la posesión de dispositivos digitales por parte de los niños se asoció significativamente con puntuaciones iniciales más bajas en vocabulario receptivo y gramática”, desde los cinco hasta los siete años.
Es decir que “el uso de teléfonos inteligentes por parte de los padres y la posesión de dispositivos por parte de los niños pueden ser indicadores significativos de riesgo para un desarrollo lingüístico deficiente”.
Padres al teléfono y atención fragmentada
De acuerdo con los resultados del equipo de investigación, los niños que poseían un dispositivo digital entre los cuatro y los cinco años obtuvieron puntuaciones más bajas al inicio del estudio: 5.13 puntos menos en vocabulario receptivo y 4.56 puntos menos en gramática receptiva en comparación con los niños que no poseían un dispositivo.
Por su parte, el equipo de investigadores en educación de cinco universidades de Noruega vio que por cada hora adicional al día que el progenitor principal pasaba al teléfono hubo un menor crecimiento del vocabulario receptivo, que acaba siendo 0.42 puntos menor (de acuerdo a la escala que estaban usando) que el de los hijos con padres que no pasaban esa hora con el dispositivo.
“Diversos mecanismos podrían explicar la asociación entre el tiempo que los padres pasan frente a la pantalla del teléfono inteligente y el desarrollo del lenguaje de sus hijos”, señalan los autores en las conclusiones del reporte.
Esto se debería a que “el uso del teléfono inteligente suele ser intermitente y fragmentar la atención”, señalan, y citan estudios experimentales y observacionales sobre la interacción entre padres e hijos que “demuestran que dichas interrupciones pueden afectar el aprendizaje de palabras y el desarrollo del lenguaje en los niños”.
“Un mayor uso general de pantallas puede reflejar una reducción de las oportunidades para mantener interacciones receptivas en el hogar, las cuales son fundamentales para el desarrollo del vocabulario”, añaden.
Epílogo de sinergía
Entre las conclusiones del equipo de investigación se ve que ambos fenómenos están relacionados: “el uso de pantallas por parte de los padres en este estudio se asoció con el uso de pantallas por parte de los hijos, lo que sugiere que estas conductas se enmarcan en entornos familiares donde se comparten medios digitales.
“Un mayor uso general de pantallas en el seno familiar puede desplazar interacciones de alta calidad —como la lectura compartida y la narración de historias—, actividades que fomentan el aprendizaje de palabras”.







