En política los significados nunca son fijos: se desarman, se contradicen y, a veces, se exhiben en su propia vacuidad. Eso parece ocurrir con la reaparición pública de Dorheny García Cayetano, quien vuelve a caminar las calles de Xalapa aparentando cercanía ciudadana, presencia territorial y una implícita aspiración de continuidad legislativa. Pero al desmontar el discurso emergen fisuras difíciles de ignorar.
La legisladora, cuya actividad en el Congreso ha sido señalada por su bajo rendimiento, intenta reconstruir su imagen con símbolos. Recorridos, fotografías, publicaciones constantes. Una estrategia más cercana a la visibilidad digital que a los resultados tangibles. En ese terreno, no es casual que haya sido apodada como “la reina del bulff o el like” o asociada a una política más festiva que sustantiva, calificativos que en su momento amplificó su propio correligionario, el senador por Morena Manuel Huerta Ladrón de Guevara, en un tono que osciló entre la crítica y la ironía.
A esto se suma su cercanía con el círculo político del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez, lo que refuerza la percepción de pertenecer a una estructura más que a un proyecto propio. Su figura política parece depender de un “otro” que le da sentido.
Así, lo que se presenta como una nueva etapa podría ser, en realidad, la reiteración de un modelo de escasa productividad, alta exposición y ambiciones intactas.
¿Xalapa está ante una precandidata que evoluciona o ante la repetición de un significante vacío?








