El estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más relevantes del planeta, se mantiene abierto al tránsito comercial bajo condiciones impuestas por Irán, en medio del alto el fuego temporal en Medio Oriente que ha impactado directamente los mercados globales.
Ubicado entre Irán y Omán, este paso marítimo conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. En su punto más angosto mide 33 kilómetros, aunque los carriles de navegación se reducen a apenas tres kilómetros por sentido, lo que lo convierte en un cuello de botella estratégico.
Control iraní y condiciones de paso
Autoridades iraníes confirmaron que los buques comerciales pueden transitar durante la tregua de 10 días promovida por Estados Unidos entre Israel y Hezbolá. Sin embargo, el paso está condicionado: las rutas deben coordinarse con la Guardia Revolucionaria y limitarse a trayectos considerados seguros por Teherán.
Quedan excluidos los buques militares, en un contexto donde el control marítimo se ha convertido en herramienta de presión geopolítica.
Impacto de la guerra en el tránsito marítimo
El conflicto iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó el cierre de facto del estrecho, reduciendo el tráfico marítimo en un 97%, de acuerdo con datos internacionales. La interrupción sacudió los mercados energéticos y elevó la volatilidad del precio del petróleo.
Irán incluso planteó cobrar tarifas por el paso de embarcaciones, una medida sin precedentes en estrechos internacionales y cuestionada por la normativa marítima global.
Punto crítico del suministro energético
Por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo mundial y una proporción significativa del gas natural licuado (GNL). Países como Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak dependen de esta vía para exportar crudo.
Qatar, uno de los principales exportadores de GNL, envía casi toda su producción a través de este corredor. Además, alrededor de un tercio del comercio global de fertilizantes —incluyendo amoníaco y azufre— también transita por esta ruta.
Historial de tensiones y amenazas
El estrecho ha sido escenario recurrente de conflictos. Durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), ambas naciones atacaron buques petroleros en la llamada “guerra de los petroleros”. En años recientes, Teherán ha amenazado con bloquear el paso en respuesta a sanciones internacionales y ha incautado embarcaciones vinculadas a disputas geopolíticas.
En 2019, ataques a buques cerca de Emiratos Árabes Unidos reavivaron los riesgos en la zona. Más recientemente, Irán volvió a considerar su cierre tras ataques a sus instalaciones estratégicas.
Capacidad militar y vulnerabilidad del paso
Aunque su armada convencional es limitada, Irán mantiene capacidades asimétricas a través de la Guardia Revolucionaria, incluyendo lanchas rápidas, minas navales, minisubmarinos y drones, lo que le permite ejercer control efectivo en la zona.
La geografía también juega a su favor: rutas estrechas, proximidad a su costa y puntos estratégicos que facilitan operaciones defensivas y ofensivas.
Alternativas limitadas y derecho internacional
Intentos de países del Golfo por reducir su dependencia del estrecho mediante oleoductos no han sido suficientes. Infraestructuras existentes no están plenamente operativas o han demostrado ser vulnerables a ataques.
En el plano legal, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el derecho de “paso en tránsito” sin obstáculos en estrechos internacionales. Sin embargo, ni Irán ni Estados Unidos han ratificado este tratado, lo que añade incertidumbre jurídica sobre su aplicación en la región.
Mientras persiste la tregua, el estrecho de Ormuz continúa siendo un punto neurálgico cuya estabilidad condiciona la seguridad energética global y la evolución del conflicto en Medio Oriente.







