¿Sabía usted que en el ayuntamiento de Xalapa ya no gobiernan funcionarios? La ciudad, cuentan las carcajadas cansadas del personal de base, es administrada ahora por animadores de kermés con gafete institucional, maestros de ceremonia del vacío y artesanos del aplauso automático.
Pero vayamos por partes, como aconsejaba Jack “El Destripador”.
La más reciente ocurrencia burocrática anuncia en el Parque Bicentenario un evento “lleno de producción local, arte, gastronomía, innovación y muchas sorpresas”. En Palabras Claras, es otra verbena tropical para fingir que la ciudad avanza mientras los ciudadanos sufren con banquetas rotas, comercios moribundos y una economía que se arrastra como perro atropellado.
Pero si los animadores del ayuntamiento -encabezados por la morenista Daniela Griego y su síndico- no lo han notado, la capital veracruzana vive atrapada entre desempleo, abandono urbano y una parálisis económica digna de sala de espera del IMSS. Pero nada de eso parece importar cuando puede organizarse otro carnaval administrativo con pan artesanal, circo orgánico y temazcal discursivo.
En los pasillos municipales se comenta con resignación la precariedad intelectual de varios personajes que rodean -¿como roedores?- a la alcaldesa. Son especialistas en asentir con fervor litúrgico, virtuosos del aplauso sincronizado, expertos en la genuflexión política y el autoelogio.
Ahí aparecen Fernando Arana (desarrollo económico), Eduardo Blanco (turismo) y Rafael Alarcón (juventud), funcionarios célebres no por resultados, sino por practicar con disciplina religiosa el arte de adular al poder.
Sobre Rafael Alarcón circula un apodo demoledor: “la carreta vacía”. Y acaso le quedó exacto porque, según cuentan trabajadores municipales, produce más ruido que contenido.
Estos antiguos priistas y panistas hoy recitan el evangelio de la transformación con fervor de conversos recién bautizados, sin importarles nada porque “tienen más cara que espalda”.
Pero ‘aún hay más’, como recitaba el clásico dominguero.
Hay un funcionario ‘humanista’ que arrastra expedientes sentimentales más oscuros que la noche. Este comenzó comentando cine en redes sociales y terminó escalando posiciones gracias a la fotografía cortesana, la obediencia ornamental y la disciplina canina. Si se tratara de realismo mágico habría terminado vendiendo boletos en un circo decadente.
La administración municipal continúa organizando tequios, “loquios”, festivales gastronómicos, ferias de antojitos y ceremonias de autosatisfacción colectiva donde todos se felicitan mutuamente por existir. Turismo, juventud, cultura, innovación y desarrollo se pronuncian como conjuros huecos; vocablos útiles para justificar lonas, templetes o sesiones fotográficas con sonrisas de catálogo.
Así transcurre Xalapa, una ciudad administrada como espectáculo itinerante, donde la política pública fue sustituida por entretenimiento de temporada.
Y el lema no escrito parece resumirse en una frase honesta:
“Por el bien de Xalapa… mejor dude”.








