El supuesto idilio entre el Ayuntamiento de Xalapa y su población terminó convertido en un expediente de desgaste cotidiano: calles destruidas, agua intermitente y una percepción creciente de abandono institucional. El malestar, lejos de ser marginal, proviene ahora de voces críticas, no de los ‘neoliberales’ o ‘comentocrátas’, como las del Partido del Trabajo, que han puesto el foco en el deterioro urbano y administrativo de la capital veracruzana.
En el centro de las críticas aparece la administración municipal encabezada por Daniela Griego, a la que se le contrapone un discurso de gestión “humanista” con una realidad mucho menos estética en las colonias altas de la ciudad. Ahí, la transformación se enfrenta a una escena común de tandeos prolongados, baja presión o ausencia total de agua y recibos que no reconocen la irregularidad del servicio.
La operación de la Comisión Municipal de Agua Potable y Saneamiento (CMAS) se ha convertido en uno de los puntos más sensibles. Entre señalamientos de irregularidades, corrupción y deficiencias estructurales, el organismo mantiene esquemas de cobro constantes pese a interrupciones frecuentes del suministro, alimentando la percepción de un sistema que factura con puntualidad lo que no siempre entrega con regularidad.
El problema no se limita al agua. La infraestructura vial de Xalapa exhibe un deterioro extendido en calles convertidas en trayectos de riesgo, baches que se multiplican con cada temporada de lluvias y una red urbana que evidencia años de mantenimiento insuficiente. Más allá de la incomodidad, el impacto se traduce en costos económicos directos para las familias y en una movilidad cada vez más accidentada.
A este escenario se suma la persistente preocupación por la seguridad, las extorsiones. El entorno urbano deteriorado, con iluminación deficiente y espacios públicos descuidados, ha contribuido a un clima de vulnerabilidad que la administración municipal no ha logrado revertir de manera efectiva.
En conjunto, Xalapa transita entre el rollo y la realidad operativa. Mientras se multiplican eventos, actos públicos y la foto para el ‘face’, la ciudad enfrenta problemas estructurales que no encuentran respuesta equivalente en la acción gubernamental cotidiana.
La ineficiencia e ineptitud se pasean en la oficinas del ayuntamiento morenista de Xalapa.







