Antulio Ficachi
Cuando se pierde la brújula, cualquier camino parece correcto. Algo así ocurre en Palacio Nacional desde que la estrategia de la “cabeza fría” quedó archivada junto con otros manuales de supervivencia política.
Primero llegaron los aranceles de Donald Trump. Después, los señalamientos contra figuras de Morena presuntamente vinculadas al crimen organizado. Y mientras la Casa Blanca endurece el discurso, en México la respuesta parece oscilar entre el nacionalismo de conferencia mañanera y la improvisación de cantina.
La consecuencia es que personajes del otro lado del Atlántico encontraron espacio para opinar sobre la salud institucional mexicana. La diputada española Cayetana Álvarez de Toledo puso el dedo en una llaga que muchos prefieren ignorar al señalar que las principales amenazas para la soberanía nacional no llegan desde Washington ni desde Madrid.
Para la legisladora, los riesgos tienen domicilio conocido: crimen organizado, populismo autoritario y mentalidad de dependencia.
Lo relevante no fue que lo dijera una española.
Lo incómodo fue que, puertas adentro de Palacio Nacional y de Morena, más de uno debió reconocer que la observación no carece de sustento.
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Veracruz parece empeñado en convertirse en un caso de estudio sobre cómo complicar un mes que apenas comienza.
Junio arrancó con la desaparición de la periodista Roxana Guzmán Ramírez, en Nanchital. Un grupo armado irrumpió en su domicilio y se la llevó por la fuerza. Las imágenes grabadas por sus familiares inundaron las redes sociales con la misma velocidad con la que los ríos suelen desbordarse ‘ligeramente’ cuando la naturaleza se encapricha.
La reacción del gobierno estatal fue elegir la ruta fácil.
Ante la desaparición de una comunicadora, la gobernadora Rocío Nahle encontró tiempo para dejar otra de sus joyas discursivas que pasan a su colección de declaraciones desafortunadas:
“En Veracruz existe libertad de expresión”. Nadie le cree, se necesitan pruebas. Particularmente porque fue pronunciada mientras una periodista era buscada por familiares, colegas y organismos defensores de derechos humanos.
Artículo 19 exigió acciones urgentes. El gremio periodístico demandó respuestas. La incertidumbre siguió creciendo.
Y el silencio oficial también.
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Como si hicieran falta más ingredientes para el mismo expediente, por la tarde aparecieron bolsas con restos humanos en Acultzingo.
Otra escena que, lamentablemente, comienza a formar parte del paisaje cotidiano veracruzano.
Llegan las patrullas, llega el acordonamiento, llegan los peritos, y después llega la misma pregunta de siempre: ¿Qué está pasando?
La respuesta suele perderse entre comunicados, estadísticas, carpetas de investigación y la incansable opacidad del régimen nahlista.
¿Estamos de moda o vamos bien y viene lo…? Usted, carísimo lector, complete la frase.
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Hasta ahora, lo único que apareció puntualmente en Veracruz fue un pastel. Sí, un pastel.
El diputado federal de MC Sergio Gil Rullán decidió conmemorar el primer aniversario del robo electoral en Poza Rica y Papantla llevando un pastel hasta el Palacio de Gobierno.
No era cualquier pastel. Estaba decorado con un mapache electoral vestido de guinda.
Hay protestas que terminan en tribunales, otras concluyen en conferencias de prensa, pero en la aldea jarocha ya alcanzaron la categoría de repostería temática.
La imagen resume parte del debate político actual. Unos denuncian injerencias externas y otros recuerdan que existen las injerencia internas, las que tienen olores chapuceros.
En el gobierno de la señora Nahle deberían reflexionar que ninguna elección garantiza dos activos indispensables para gobernar, la credibilidad y el respeto ciudadano. Cuando ambos se pierden, queda al descubierto que las corrientes políticas que representan son demasiado corrientes.
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En medio del ruido llegó una noticia distinta desde Alvarado, Veracruz. Murió José Enrique Ruiz Uscanga, “JERU”, maestro, promotor cultural y custodio de buena parte de la memoria colectiva de ese municipio.
Durante más de cinco décadas dedicó su vida a enseñar, organizar, preservar y transmitir tradiciones. Fundó instituciones, formó generaciones y convirtió la cultura en una tarea cotidiana.
Hay quienes ocupan cargos públicos y pasan sin dejar rastro. Y hay otros que nunca necesitaron un cargo para permanecer.
Apenas el 31 de mayo recibió un homenaje en donde expresó: “Doy gracias a Dios que me permita seguir adelante, hasta terminar esta festividad. Gracias”
Cuando en la política se discuten encuestas, elecciones y discursos, comunidades enteras despiden a quienes construyeron identidad, educación y pertenencia.
Por eso su ausencia pesa más que muchos nombramientos.
Descanse en paz.
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Y hablando de dimensiones difíciles de imaginar, Forbes reporta que las diez mayores fortunas del planeta suman 2.9 billones de dólares.
La cifra es tan descomunal que no cabe ni en una calculadora doméstica ni en la imaginación promedio.
Encabeza la lista Elon Musk, seguido por Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos, Larry Ellison, Michael Dell, Mark Zuckerberg, Jensen Huang, Bernard Arnault y Steve Ballmer.
Mientras millones de personas buscan empleo, vivienda o seguridad, un puñado de empresarios acumula riqueza suficiente para comprar países enteros, reconstruirlos y volver a comprarlos.
La inteligencia artificial está produciendo fortunas históricas. La inteligencia política, en cambio, sigue siendo un recurso escaso.
Y, al menos en algunas latitudes, cada día parece cotizar más caro, particularmente en aquellos gobiernos donde la lealtad vale 90 puntos y el conocimiento apenas alcanza para completar la calificación.








