Antulio Ficachi

Si alguien en Palacio Nacional, Palacio de Gobierno o en cualquiera de los muchos palacios donde despacha la política mexicana alcanzó a escuchar al Papa León XIV, quizá pensó que se trataba de un mensaje dirigido a otro continente. O a otro planeta.

Cuando el Pontífice habló de respetar a quien piensa distinto, bajar el volumen de la confrontación y construir acuerdos, más de uno debió asumir que estaba describiendo una serie de ciencia ficción.

Y es que en México la pluralidad suele entenderse como la obligación de coincidir con quien gobierna. Lo demás se clasifica en categorías: adversario, conservador, traidor, vendido o integrante de alguna conspiración internacional todavía pendiente de ser revelada en la mañanera.

Desde España, León XIV recordó que la paz también depende del lenguaje de quienes ejercen el poder. Una idea disruptiva para una autollamada ‘cuarta transformación’ que sigue confundiendo el debate público con una competencia de descalificaciones.

Al parecer, todavía no termina de quedar claro a los ‘soberanos defensores de la patria’ que los micrófonos sirven más para construir consensos que para repartir etiquetas.

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Hablando de etiquetas, la secretaria de Morena Citlalli Hernández decidió desempolvar una de las piezas más antiguas del museo político nacional al sentenciar que el PRI sólo sabe ganar elecciones comprando votos, lucrando con la pobreza y amedrentando.

La declaración tiene mérito histórico.

Primero, porque revive al PRI como amenaza electoral justo cuando numerosos analistas lo ubican en terapia intensiva, conectado a respiración asistida y con pronóstico reservado.

Y segundo, porque confirma que en México los pecados políticos nunca prescriben. Cambian los gobiernos, cambian los colores, cambian los discursos, pero las acusaciones permanecen intactas, como si fueran patrimonio cultural.

Al final, la política revive el viejo dicho de rancho: todos los chiqueros son iguales, sólo cambia el cerdo.

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Donde las cosas dejaron de ser discurso para convertirse en preocupación fue en el caso de la periodista veracruzana Roxana Gutiérrez, quien sigue sin aparecer.

Más de 22 millones de impactos digitales revelan que la indignación ciudadana encontró un tema capaz de superar fronteras partidistas, según datos de DINAMIC, el primer software de inteligencia digital en México que además interpreta conversaciones públicas en redes sociales para comprender percepciones ciudadanas, tendencias culturales y dinámicas de opinión

El dato que más debería inquietar a las autoridades no es el tamaño de la conversación, sino su origen: apenas 0.8 por ciento corresponde a actividad automatizada, es decir, no son bots, son ciudadanos.

Y en el momento que las redes exigían respuestas, aparecieron seis detenidos y comenzó el habitual desfile paralelo de comentarios. Por un lado, las autoridades sostienen una línea de investigación; por el otro, familiares aseguran que los arrestados son trabajadores, estudiantes e ingenieros sin relación con los hechos.

Como suele ocurrir en el gobierno de Rocío Nahle, la justicia inició una carrera contra el reloj.

Pero ojito, cuando una investigación no convence, la sospecha corre más rápido que cualquier carpeta ministerial.

Benditas redes sociales. Lo mismo amplifican rumores que exhiben las ausencias del Estado en tiempo real.

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Por cierto, el gobierno estatal está a punto de resolver una deuda que durante años funcionó como ancla financiera para los municipios.

La reestructuración de los pasivos bursátiles permitirá que los ayuntamientos recuperen recursos retenidos y, según la versión oficial, puedan destinarlos a pavimentación, drenaje, alumbrado, agua potable y seguridad.

La noticia es tan extraordinaria que algunos alcaldes han comenzado a imaginar cómo luce una participación federal llegando completa.

Incluso hay tesoreros municipales que observan el calendario de julio con la misma emoción que un jugador del Melate revisa los números premiados.

Aunque, como suele ocurrir en estos casos, la letra pequeña siempre termina siendo más interesante que los rollos y boletines oficiales.

Ya habrá tiempo para revisar con lupa el verdadero fondo de este rescate financiero y conocer quién gana más allá de los municipios.

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En Xalapa regresará el alcoholímetro.

La medida responde al incremento de accidentes, particularmente entre motociclistas.

Y aunque las autoridades insisten en que no tiene fines recaudatorios, el anuncio provocó un fenómeno pocas veces visto: cientos de conductores intentando recordar dónde guardaron su licencia, su tarjeta de circulación y hasta el reglamento de tránsito.

La gobernadora Rocío Nahle y el secretario Ricardo Ahued aseguran que inicia una nueva etapa de vigilancia vial.

Bonita novedad.

Tránsito volverá a hacer aquello para lo que fue creado: vigilar el tránsito.

Un acontecimiento tan extraordinario que bien podría registrarse en los archivos históricos de la administración pública veracruzana.

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Y hablando de ciencia ficción, el director municipal de Turismo, Eduardo Blanco, informó que Netflix realiza grabaciones en Emiliano Zapata, aunque la derrama económica beneficia a Xalapa porque el personal se hospeda en la capital. ¿En su hotel?

El funcionario explicó que el nombre de la producción permanece bajo estricta reserva.

La explicación abrió una duda entre observadores locales: ¿se trata de una nueva serie o de una reedición de Perdidos en el Espacio?

Porque la historia reúne todos los elementos del género.

Hay una producción secreta, un título desconocido, beneficios indirectos, permisos todavía por confirmar y una expectativa gigantesca construida alrededor de algo que nadie ha visto.

Quizá por eso algunos empiezan a comprender cómo un excandidato suplente del PAN terminó orbitando en el ‘segundo piso de la transformación’.

Dicen los malpensados que cuando la lealtad ocupa el 90 por ciento del espacio disponible, el margen para la capacidad administrativa suele reducirse considerablemente.

Así que si en la Dirección de Turismo continúan rastreando derramas económicas invisibles, a estas alturas, ya se perfila para tener su propia serie de Netflix.

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