Antulio Ficachi
Más sola que una Coca-Cola en el desierto. Así dicen en los pasillos de la cancillería que se va perfilando la agenda internacional de la presidenta Claudia Sheinbaum. Con los triunfos de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, el vecindario sudamericano empieza a cambiar de color y la llamada “marea rosa” parece entrar a temporada de estiaje. Cada elección que se mueve en sentido contrario reduce el número de fotografías de la familia de izquierda para la diplomacia mexicana. Al paso que van las cosas, la política exterior tendrá que conformarse con los álbumes de años anteriores.
Por si fuera poco, desde España llegan noticias que cruzan el Atlántico con escala en el Caribe. Las investigaciones sobre el financiamiento irregular del PSOE, los cupos de petróleo venezolano y las operaciones que alcanzan el entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero dejaron de ser un asunto exclusivo de la política madrileña. La presidencia de Pedro Sánchez en la Internacional Socialista pasó de carta de presentación a expediente bajo revisión.
En este juego de tres bandas, los recursos se mueven bajo el radar y las facturas políticas se pagan en euros de dudosa procedencia.
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Donde el destino decidió jugar una partida de ajedrez fue en la oficina que pronto ocupará Laura Itzel Castillo. La senadora dejará el Senado para asumir la Secretaría de las Mujeres, justamente la dependencia encargada de acompañar institucionalmente a víctimas de violencia.
El detalle es que entre los antecedentes aparece Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, quien trabajó bajo su órbita cuando ella era consejera de la empresa y hoy enfrenta una carpeta de investigación en Morelos por violencia física y familiar.
La burocracia tiene esa costumbre de convertir los organigramas en rompecabezas y las coincidencias en pruebas de resistencia política.
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En Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle decidió recordarle a la alcaldesa de Xalapa, Daniela Griego, que las plazas públicas nacieron para usarse y no para rentarse.
El mensaje de la mandataria fue sencillo: no cobrar a los artistas locales por presentar su trabajo en espacios abiertos. Sin embargo el acomedido rector de la Universidad Veracruzana, Martín Aguilar Sánchez, apareció con la oferta de abrir el Teatro La Caja UV para recibir a los creadores independientes.
El anuncio sonó bien hasta que se ventiló que el recinto apenas recibe 49 personas. La promoción cultural terminó pareciendo venta de boletos para una función privada. Si llegan dos grupos de son jarocho y sus familias, habrá que organizar lista de espera.
Ahora habrá que leer el chistorete oficial de los intelectos funcionarios municipales.
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En el hospital Infantil de Veracruz, la transición al IMSS-Bienestar volvió a demostrar que cambiar de membrete no siempre modifica el libreto. Las madres de pacientes reclamaron por plafones caídos, falta de insumos y otras carencias.
El coordinador nacional, Eduardo Rodríguez Becerril, llegó para escuchar… pero sólo una parte. “Yo vengo a ver Oncología, no otros casos”, resumió, delimitando el perímetro del diálogo con bisturí.
Al terminar la reunión, las madres encontraron la frase que ninguna oficina habría querido escuchar: “Nada más cambiaron las sábanas”.
Del coordinador regional, Roberto Ramos Alor, tampoco hubo novedades. Al parecer, la rendición de cuentas sigue en terapia intensiva.
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Y mientras la salud se administra por ventanillas, la Comisión Nacional del Agua encontró una fórmula para enfrentar la mortandad de peces en el sistema lagunar de Nopaltepec: abrir el desfogue de la presa Cerro de Oro para que la corriente se lleve los contaminantes y los restos de fauna.
Una estrategia conocida desde hace décadas: mover el problema para que cambie de domicilio. La naturaleza, sin embargo, tiene la mala costumbre de devolver los recibos.
En asuntos ambientales, esconder el polvo debajo del río no limpia la casa.







