El cinco de noviembre de 2021 en la Sala de Banderas del Palacio de Gobierno, el ingeniero Cuitláhuac García anunció la que sería la obra cumbre de su gobierno: un recinto digno y moderno, aseguró ufano, para albergar a ocho mil aficionados de los Halcones de Xalapa, que ese año regresaban a la Liga Nacional de Basquetbol, dentro del más alto nivel deportivo en el país.
El doctor en campaña electoral, que tras dos meses de rollo en el palacio frente a la Catedral, acabó en simple ingeniero de mascarada y baile y el “más honesto gobernador de Veracruz”, según López Obrador, presumía en aquellos días que su obra tendría enorme estacionamiento y muchas comodidades para los asistentes al nuevo gimnasio que sustituiría al de la UV que resultaba insuficiente para él.
Nadie podía imaginar que el proyecto del gobernador estaba incompleto, que no tenía un estudio socioeconómico de costo-beneficio, que el terreno de 14 mil metros, era reclamado por terceros, que quizá el organismo licitador no tenía facultades para hacerlo, que se talarían 89 árboles de 5 metros, que no existía aprobación ambiental en orden, que tendría futuras observaciones por sobrecostos elevados, y que además, como si fuese para uso patrimonial y para el ego personal, el mandatario estatal ya planeaba colocarle un nombre que hiciera alusión a la historia y domicilio del fundador de la familia García Jiménez: soñaba ya que el inmueble se llamaría Arena Macuiltépec.
Nadie pensó, sobre todo, que en cinco años, su idea sufre y evidencia una enorme cantidad de fallas que exigirían penalizaciones de las instancias fiscalizadoras, a las autoridades y los funcionarios implicados en el desarrollo del proyecto y de la obra que parece interminable.
El Nido sigue sin concluir o “pendiente de entrega”, pero hay que apuntar que en dos meses más, la promesa cuitlahuista cumple 5 años de espera. Y la sociedad no ve utilidad en una obra abandonada que se paga con los impuestos de los veracruzanos.
Y lo último que se supo o especuló, es que el gobierno de Rocío Nahle lo pondría a disposición de la Comisión Nacional del Deporte. Y aquí surge otra interrogante: ¿por qué entregar a alguien ajeno, esta propiedad estatal, el edifico, arena o gimnasio “de alta gama”, que se enpolva y oxida desde hace algunos meses en la reserva territorial de Xalapa, cerca de la avenida Arco Sur. A esta construcción debería primero, hacerse una auditoría integral técnica, jurídica, financiera y de protección civil, antes de ponerla en operación.
Porque con todo y la flamante titular del Orfis y sus agudas observaciones de la diputación federal que pretendía sin merecimiento ni popularidad, la sociedad no sabe si esa estructura tipo jaula, reúne las condiciones constructivas adecuadas para la seguridad de los asistentes, si el diseño estructural fue técnicamente riguroso, y si el afamado constructor de la obra (la Constructora Checa S.A.), cuidó y verificó que hubiera drenajes suficientes para evitar inundaciones en el estacionamiento, como las que ocurren tradicionalmente en Plaza Ánimas, por ejemplo.
Este tipo de condiciones de irregularidad, mueven a cuestionamientos de toda índole, que tras el paso del tiempo, generan escepticismo y desconfianza en la obra pública a cargo del gobierno estatal, por cierto, tristemente escasa desde la época de Javier Duarte, el exgobernante encarcelado.
El Nido del Halcón inició a principios de 2022 con una primera etapa de 724 millones de pesos, una segunda etapa de de 496 millones, una tercera de 230 millones y en estos momentos informan que el importe total llega a 1,400 millones.
El problema es que los costos e inversiones de recursos de los veracruzanos, que el anterior gobierno y este hicieron en esa obra, jamás le han interesado a la gobernadora Nahle, ya experta ampliadora de presupuestos públicos oscuros, licitaciones de escasa explicación y expedientes técnicos enlatados bajo siete llaves al estilo Dos Bocas.
¿O será que lo que sucede en torno a este Nido, ocurre por autorización o instrucción de López Obrador, desde La Chingada, para proteger al “honesto” Cuitláhuac? Porque esta maniobra protectora sería entendible pero no justificable, si las cosas pasan en el país, como lo narró el periodista Salvador García Soto el sábado pasado en su leída columna de El Universal, informando a la nación, la otra función de Rocío Nahle, visitante frecuente del tabasqueño en Palenque en su papel de correo de instrucciones y mensajes del mesías a sus allegados, como el caso del cuestionado ex gobernante Rubén Rocha de Sinaloa.
Aquí lo que también debería preocupar al pueblo de Veraruz es si Nahle, opera al estilo Dante Delgado con Gutiérrez Barrios, quien según leyendas de aquella época, “se reportaba” como si fuese tributario cada semana en la Ciudad de México en una estratégica oficina de la calle Bucareli, con el capitán que le dejó como encargado el estado a finales de 1988.
El Nido del Halcón (o el sucio arenero de Cuitláhuac), debe transparentarse en su costo total, en la penalización de los sobrecostos que resulten, en sus condiciones técnicas y de resistencias aprobadas, en su uso oficial adecuado y en la solución legal de la serie de observaciones de la ASF y el Orfis.
Ojalá y que la gobernadora Rocío Nahle muestre auténtico amor por los veracruzanos y lo ponga de moda y en aprovechamiento óptimo, pero tendría que hacerlo no con la simuladora Xóchitl a cargo.








