El día de mañana la presidenta Claudia Sheinbaum presentará su segundo informe de gobierno. Desde el fin de semana circulan spots que narran los avances en algunos aspectos y su oficina publicita que la doctora cuenta con el 68 por ciento de aprobación. Y sin duda, un buen porcentaje se le debe al trabajo de Omar Harfuch y Marcelo Ebrard.
La cifra aprobatoria, probablemente pudiera ser de sus seguidores morenistas de baja escolaridad, porque los afines más preparados y escépticos -igual que todo el mundo pensante y penante- deben estar notando las deficiencias y fallas del régimen de gobierno, del morenismo y de todo aquello identificado como la cuarta transformación.
Un pesado lastre que ella carga es el que corresponde al de los signos de corrupción, negocios turbios, irregularidades burocráticas y nexos con la delincuencia, que se asocia a la familia López Obrador y varios machuchones sinaloenses y tabasqueños cercanos a AMLO, que ya persiguen las autoridades judiciales de Estados Unidos.
El principal resultado que presume Sheinbaum, son los más de 32 millones de familias beneficiarias de programas sociales, a los que en conjunto se destina más de Un Billón de Pesos, es decir, un millón de millones de pesos ($ 1,000,000,000,000).
Ese monto puede ser justificable en aras de “la justicia social”, pero, qué ocurre con una nación, cuando para entregar esa cantidad de recursos cada año, el Estado debe conseguirlo con préstamos internacionales y nacionales, que significan obligadamente crecimiento de la deuda y pago brutal de intereses, también cada año. Porque lamentablemente el estado mexicano está gastando más de lo que produce, desde hace varios años de este siglo.
Y el pago de esa deuda que rebasó los 19.2 Billones de pesos, lo harán por varias décadas, las generaciones futuras, que verán limitados sus derechos a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación, al empleo, a tener vías de comunicación sin baches, a contar con servicios públicos aceptables y policía y seguridad que proporcione tranquilidad social. El gobierno gastará más en pago de deuda que en obra y servicios públicos. Y en este instante, el pago anual por el servicio financiero de la deuda, asciende a 1.57 billones de pesos. Y los mexicanos que pagarán en años siguientes, serán los hijos y nietos de Todos los Mexicanos, sin excepción. Una herencia vil que ya registra la historia nacional.
El otro resultado que presumirá es “el avance de la obra pública”. Y la pregunta obligada, tendría que ver con la siguiente interrogante: la obra que quedó a medias, que ella está terminando, la obra pública de su antecesor, de López Obrador, de esos proyectos, cuánto es el beneficio para la sociedad.
Cuánto produce al país el Tren Maya, el Aeropuerto Felipe Ángeles, Mexicana de aviación, el proyecto del Istmo de Tehuantepec y sus accidentes ferroviarios sin solución, o la Refinería Dos Bocas, que dejó más costos que beneficios. De esta última acaban de informar que se triplicó su costo de construcción y que opera al 41%, sin mayor preocupación de la Auditoría Superior de la Federación. Cuánto de todo esto ocurrió por corrupción, por inexperiencia de los funcionarios, o por la desgraciada costumbre del ensayo-error de los principiantes ineptos, sin supervisión ni auditorías.
El otro tema fundamental en el México del siglo XXI es el de la seguridad pública. Seguramente la presidenta informará la increíble “disminución de homicidios”, asunto que pocos creen, y que ya está haciendo agua, porque día tras día la población urbana y rural comprueba lo contrario, con los desaparecidos, las extorsiones, cobros de piso, robo de propiedades inmobiliarias, incendio de bienes, como casas, empresas y negocios o vehículos. No se puede creer, porque día tras día se incrementan las voces indicando la falsedad de las nuevas estadísticas oficiales, argumentando que solamente cambiaron la manera de presentar los números para hacerlos ver menos peor. El viernes pasado, la Universidad Iberoamericana presentó un informe claro y revelador sobre las “anomalías en las cifras” .
Y el otro tema prioritario, el de la salud, tan manoseado y cacareado desde aquellos felices rollos andresianos de “me canso ganso” y “mejor que en Dinamarca”. En este último asunto, sólo basta asomarse a las redes sociales y medios de comunicación, o convivir con personas, en la conversación pública, en casas y restaurantes, para concluir en que: La salud en México está peor que en toda su historia. Clínicas y hospitales deteriorados, colas de desesperados y falta de medicamentos, además de atrasos y demoras en las operaciones quirúrgicas.
Después del acto formal, la doctora Sheinbaum realizará una gira nacional de Informe que concluirá en el Zócalo de la Ciudad de México. Mientras, en los Estados Unidos, transcurrirán los procesos judiciales contra la gente relacionada con el narco y el gobierno de AMLO, que augura inquietantes novedades.








