Por primera vez en su historia reciente, la dinámica demográfica de Veracruz entró en números rojos. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la entidad registró una tasa de crecimiento promedio anual de -0.3 por ciento entre 2020 y 2025.

El dato marca un punto de quiebre absoluto para el estado. Apenas en el periodo comprendido entre 2015 y 2020, la tasa de crecimiento anual todavía se mantenía en terreno positivo con un 0.5 por ciento, un ritmo que se desvaneció en los últimos cinco años debido a una combinación de factores estructurales.

Menos nacimientos y una pirámide invertida

El motor poblacional del estado experimenta un freno drástico impulsado por la caída sostenida de la fecundidad. Según el reporte estadístico, el promedio de hijas e hijos nacidos vivos por cada mujer de 12 años y más descendió de 2.2 en 2020 a 2.0 en 2025.

La tendencia se corrobora en la Tasa Global de Fecundidad, la cual se desplomó de 1.8 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Uno de los descensos más pronunciados se observa en el sector de adolescentes de 15 a 19 años, donde la tasa de nacimientos se contrajo de 63.5 a 37.6 por cada mil mujeres.

A este menor crecimiento natural se suma una estructura poblacional cada vez más madura. El descenso de la natalidad converge con un incremento generalizado en la edad de los habitantes, configurando un proceso de envejecimiento acelerado en el territorio veracruzano.

El factor migratorio y la transición demográfica

Si bien el INEGI subraya que la contracción del -0.3 por ciento no responde a un único detonante, la interacción entre la baja en los nacimientos, la mortalidad y la movilidad poblacional explica el fenómeno.

Históricamente marcado por flujos migratorios tanto internos como internacionales, Veracruz combina la pérdida de fuerza en su crecimiento natural con la salida constante de personas hacia otras entidades o países, un fenómeno que erosiona de forma directa el volumen demográfico total.

Los datos oficiales, recopilados en campo entre octubre y noviembre de 2025, actualizan el panorama socioeconómico del estado a mitad del trayecto que separa al Censo de Población y Vivienda 2020 del próximo ejercicio censal previsto para 2030.

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