El inicio de 2026 ha traído consigo una presión insostenible para el bolsillo de los mexicanos. El incremento persistente en el precio de los combustibles ha dejado de ser una estadística macroeconómica para convertirse en un factor de asfixia financiera para automovilistas y trabajadores del sector transporte, quienes denuncian que llenar el tanque ha dejado de ser una inversión rentable.

Una comparativa que evidencia la desventaja

A pesar de lo que dice el gobierno, México se ha consolidado este año como una de las naciones con la gasolina regular más costosa en el mercado internacional. Con un precio promedio que ronda los 23.37 pesos por litro, el país supera significativamente a potencias y economías emergentes.

Mientras que en México el consumidor paga dicha cifra, en países como Brasil el costo es de 20.13 pesos; en Japón, 18.16; y en Canadá, 16.72 pesos. La brecha es aún más crítica al comparar con Estados Unidos, donde el litro promedia los 13.66 pesos, lo que significa que un mexicano paga casi un 70% más que un estadounidense, pese a la disparidad en los ingresos promedio.

El peso de la carga fiscal: el factor IEPS

La carestía no obedece únicamente a las fluctuaciones del mercado petrolero internacional. El componente impositivo es el principal responsable del alto costo al consumidor final. De cada litro despachado, 10.28 pesos corresponden a gravámenes, repartidos entre el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Para este ciclo fiscal 2026, el IEPS sufrió un ajuste al alza del 4%, una decisión que ha neutralizado cualquier posible beneficio derivado de la estabilidad en los precios del crudo. Esta carga tributaria coloca a México en los niveles más altos de imposición sobre energéticos a nivel global.

“Trabajamos para la gasolina”: el testimonio de los conductores

Para quienes dependen del volante, la situación ha llegado a un punto de quiebre. Julio, conductor de plataforma digital con cuatro años de experiencia, relata que la lógica del negocio se ha invertido: “Ya no es rentable. Actualmente destinamos más a cargar combustible que lo que nos queda de ganancia neta. Estamos trabajando para mantener el coche en movimiento, pero no para subsistir”.

Esta percepción es compartida por la ciudadanía en general, que observa cómo el incremento en el combustible detona un efecto dominó en el costo de la canasta y servicios básicos.

Infraestructura en el olvido

A la queja por el precio se suma la indignación por el estado de las vías de comunicación. Los usuarios cuestionan que, pese a la millonaria recaudación por concepto de impuestos a la gasolina, las vialidades presentan un deterioro crónico. Este abandono no solo dificulta la circulación, sino que incrementa los costos de operación debido al desgaste prematuro de las unidades, cerrando un círculo vicioso que golpea directamente el patrimonio de las familias mexicanas.

Al cierre del primer trimestre de 2026, el panorama no ofrece señales de tregua, mientras el malestar social se acumula ante un insumo que parece no tener techo en su cotización.

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