Ahumada, tiznada y encarcelada. Dos amargos momentos le ha tocado vivir a Rosario Robles Berlanga en las dos primeras décadas de este siglo. Alguna vez López Obrador dijo que si alguien murmura contra otro, y al final no pasa nada, de cualquier manera, el afectado se llevará una buena tiznada. 

Rosario Robles inició su carrera política en la izquierda mexicana. Se acercó a Cuauhtémoc Cárdenas y logró convertirse en diputada federal, jefa de gobierno del Distrito Federal, presidenta nacional del PRD, y tras un escándalo nacional -el famoso caso Ahumada- y su brusco alejamiento de Andrés Manuel, oportuna secretaria de SEDESOL y de SEDATU en el gobierno de Peña Nieto.

En esa terrible gestión presidencial Rosario salió salpicada en otro oscuro caso: la ya célebre Estafa Maestra, un desfalco superior a los siete mil millones de pesos que la exfuncionaria realizó supuestamente cuando estaba a cargo de las dependencias federales mencionadas. 

El expediente fue abierto a partir de una investigación del portal Animal Político y de la organización Mexicanos contra la Corrupción, con el antecedente de que la Auditoría Superior de la Federación había encontrado serias irregularidades financieras y administrativas, en las que utilizaron algunas universidades públicas y hasta empresas fantasma, al parecer para canalizar esos recursos a fines políticos.

Rosario Robles, en menos de veinte años se inmiscuyó en dos casos de corrupción para financiar la política. El primero, el caso Carlos Ahumada, empresario que había tenido un romance con Rosario Robles, que filmó a René Bejarano -entonces secretario particular de López Obrador, jefe de gobierno del DF- recibiendo recursos provenientes de componendas con el entonces constructor consentido del perredismo gobernante, ligado a AMLO. El segundo caso, precisamente el de la estafa maestra.

Cuando llega MORENA al palacio nacional de la mano de Andrés Manuel, se revive el expediente y se persigue a Robles Berlanga. Al principio todos pensaron que era una simple finta, pero no fue así. Los golpes recibidos no se olvidan.

En el editorial LA LOCOMOTORA QUE ARROLLÓ A JUAN COLLADO, publicado el pasado 31 de julio, se dibujó la posibilidad de que desde Palacio Nacional se empezaran a operar una serie de venganzas en contra de políticos que alguna vez se atravesaron en el camino del ahora mandatario nacional. Acababan de encarcelar al abogado Juan Collado y a partir de ese hecho se señaló lo siguiente:

“Y bastaría con releer dos documentos reveladores sobre aquel estruendoso video presentado el cuatro de marzo de 2004 en El Mañanero de Brozo en Televisa, donde se observa al empresario Carlos Ahumada entregando miles de ligados fajos de dólares a René Bejarano, entonces secretario particular de Andrés Manuel…”

“Los documentos que revelan la importancia y repercusiones de ese “complot” (según palabras de López Obrador en esa época), y que pueden ser consultados, son la interesante entrevista del portal Sin Embargo a René Bejarano, y también, la carta que tuvo que enviar Fidel Castro Ruz para aclarar su posición personal respecto a Carlos Ahumada…”

“En la entrevista “¡Por AMLO, me la comí todita!”, Bejarano hace sentir sus pensamientos y dibuja acciones a futuro, cuando desliza que tiene cientos, miles de libretas con datos e información sobre su caso y los participantes.” 

“Los actores que participaron en diferente medida en esa descarnada puesta en escena de las ligas conteniendo dinero, resaltan Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Carlos Ahumada, Gustavo Ponce, Carlos Ímaz, René Bejarano…” 

“Por ello no es nada remoto que el propio Bejarano sea el casi invisible maquinista de la locomotora que viene arrollando sin contemplaciones a toda esa gente que se atrevió a ponerse en el camino de su líder y maestro. Comenzaron con Juan Collado, sigue Rosario Robles…”  

En ese tiempo Rosario Robles perdió la cabeza por Ahumada e hizo perder ante Calderón en 2006 a su examigo y compañero en la izquierda. Desde ayer ella se encuentra en prisión. Pero independientemente de cómo termine este asunto, la señora que le gusta vestir de blanco ya está bien tiznada. Todo hace pensar que alguien ahora muy poderoso y huésped del Palacio Nacional, es uno de esos políticos que están convencidos de que la venganza es un platillo que se sirve frío.    

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