Primero fue aquella sorpresiva renuncia en el IMSS. Después, la reveladora renuncia del economista Carlos Urzúa a la titularidad de la SHCP. Pero esta última deserción impactó y condujo a un deslumbrante circo de dos pistas. En una de ellas, aparecieron mágicamente los atrasados dichos de Javier Duarte para involucrar a Peña Nieto y otros en su tragicomedia y para presentarse como preso político. La otra pista la iluminó el cómico alargamiento de la gestión del gobernador de Baja California, electo por dos años, conforme a la constitución de ese estado.

Carlos Urzúa en su carta de renuncia dio a conocer situaciones administrativas y financieras que, de seguirse dando, llevarían al caos del aparato burocrático, de la administración pública y a la destrucción de las finanzas nacionales. 

Puede especularse que la acción definitiva y rompedora de Urzúa con la SHCP y el gobierno de AMLO, se convirtió en providencial ganzúa que abrió varias cerraduras de la estratégica y personalista fortaleza andresiana. Y el apresurado control de daños que hizo el mandatario nacional no terminó de cuajar como él hubiera querido. Los resultados bastante obvios para la gente pensante, le acumularon dudas, descrédito y disminución de simpatías. 

A Javier Duarte se le dieron todas las facilidades administrativas del Reclusorio Norte para salir a declarar, presentar un video y amenazar con otros materiales, y al estilo de la actriz y bailarina cubana Niurka Marcos, dar a conocer su verdad a través de diversos medios. La mera verdad, dice Duarte ahora. Lo raro es que esa nueva verdad, la presente el cordobés muchos meses después de su juicio y sentencia, cuando legalmente ya no puede hacer nada. 

Duarte de Ochoa piensa que los veracruzanos son de memoria corta. Y Andrés Manuel se equivoca en apoyarse en un individuo sin credibilidad y repudiado por todos. Veracruz lo único que espera de Duarte y de Andrés Manuel es que, con apoyo de este último, el estado recupere los multimillonarios recursos que robó el olvidadizo exgobernador. 

En el caso del gobernador de Baja California, parece que por allá se siguió el ejemplo de los memorándums del presidente, que insultan al Estado de Derecho, a la Constitución Política Nacional y a sus leyes reglamentarias. El congreso estatal aprobó que de dos años que debe durar el periodo para el cual fue electo el ejecutivo de ese estado, se amplíe a cinco. Un claro ejemplo de que por aquellos lares fronterizos la Ley solo es para violentarse. 

Desde luego que el mandatario nacional no se había pronunciado hasta ayer en relación a este tema. Para qué, si lo que se necesita para sostener las propuestas presidenciales—como el plan financiero de PEMEX, presentado el miércoles—es que sigan los distractores como este, un escándalo con cohetones y luces multicolores, mientras se olvida o se minimiza el caso Urzúa.

La realidad es que la renuncia del exdirector del IMSS hizo algún escozor. No así la renuncia de Carlos Urzúa, que como retorcida y afilada ganzúa estremeció e infectó las entrañas del régimen, abriendo peligrosas puertas a la claridad.

Lo más lamentable es que haya otros circos por venir.

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