Parece que en los tiempos morenistas la ley estará constantemente por los suelos y a ras del pantano. Pero no fue una sorpresa tal descubrimiento. López Obrador lo avisó hace varios años cuando despreció a las instituciones mexicanas con su célebre “al diablo con las instituciones”. Y lo que se está observando también recuerda aquel verso de la canción El Rey donde José Alfredo Jiménez dice que “Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar”.

Ambas apreciaciones quedan perfectas para describir muchas cosas del estilo 4T. Esta semana, la sucia actitud de una funcionaria que entró con exceso de atropello legal a la titularidad de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), deshonrando la trayectoria limpia y la esforzada lucha de su señora madre por las garantías individuales en México. 

Por una simple y grasosa chuleta, esta incongruente y consentida dama, que no es otra que Rosario Piedra Ibarra, designó a tres altos colaboradores de esa instancia, demostrando con ello el más desvergonzado y evidente incumplimiento de la Ley en la materia. Los tres señores que ya tienen planchados nombramientos morenistas, no cumplen con las características y atributos exigidos por la normatividad en materia de derechos humanos. Pero, de acuerdo con lo que dice AMLO, no sucederá nada, porque el tabasqueño apela a la honestidad, en lugar de otras consideraciones igualmente válidas.

Como conclusión de este hecho, basta señalar que la señora Rosario Ibarra de Piedra, enarboló toda su vida una bandera nacional en favor de las personas a quienes les limitaron o les afectaron sus derechos humanos, precisamente porque algunas autoridades incumplieron y manosearon la Ley. Resulta paradójico que ahora su hija sea capaz de tirar las leyes al cesto de papeles para beneficiar a personas que quizá tengan muchas aptitudes para otras actividades laborales, aunque no para estas de carácter jurídico y humanista. Pero es obvio que esta circunstancia no le importa ni al jefe ni a los colaboradores de la cúpula.

En Veracruz el manejo de la Ley tampoco es pulcro y atinado. La ley rueda y rueda por la pendiente. Muestras existen varias y en diversas dependencias. Las más graves son los ejemplos de nepotismo, la opaca asignación de contratos millonarios y los subejercicios en el gasto público. Existen disposiciones legales que se oponen y sancionan la práctica nepotista. Y en el renglón de los indicadores de resultados, solo habría que preguntar, cómo le harán los secretarios de despacho para demostrar la elevación de tales indicadores y para cumplir con los objetivos y metas del Plan Veracruzano de Desarrollo. 

O cómo solventarán las auditorías respecto a observaciones de incumplimientos de las leyes de obras públicas y adquisiciones estatales y federales, cuando es por todos sabido el procedimiento del dedazo puro para adjudicar los contratos a las empresas que alguien determina desde alguna oficina superior que seguramente requiere obtener dividendos para los diferentes y álgidos “asuntos políticos” encomendados por el poderoso señor de los cielos morenistas. 

Acaso la sociedad mexicana se acostumbrará a que las leyes anden rodando entre las piedras del camino. O preferirá esperar a que los infractores un día no lejano tengan que enfrentarse las sanciones con todo el peso de la Ley.

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