La fuerza armada de México es el conjunto de instituciones militares constituidas legalmente para garantizar la soberanía y la seguridad interior de nuestro país. Y puede afirmarse que, en el transcurso de los años, los militares se han ido ganando el reconocimiento de la gente. Gracias a ello, sus diversas instancias suelen ubicarse en los mejores lugares del índice nacional de confianza en las instituciones.
Pero en estos tiempos de la cuarta transformación, hay otro ejército de individuos, del que la sociedad comienza a preocuparse, y al que la población sí debe temerle. Se trata de un creciente ejército de personas afines al mandatario, de colaboradores, de políticos y de seguidores de AMLO, a quienes no les importa el desapego que su dirigente le muestra a la Constitución, a las instituciones autónomas, a la legalidad, a las reglamentaciones y a las normas en general.
En las oficinas públicas, un ejército de funcionarios y funcionarias con un increíble 90% de lealtad y un pequeñísimo 10% de conocimiento, experiencia y trayectoria, aspectos que el presidente de la república ha presumido y preferido a la hora de asignar los principales cargos de la burocracia y de hacer reconocimientos individuales.
Lo más lamentable es que estos personajes sin mayores luces ni merecimientos han copado las oficinas públicas en el gobierno federal y en los gobiernos de 22 estados, además de más de la mitad de los 2,400 ayuntamientos en toda la nación.
Y el resultado de estas pésimas designaciones en los puestos públicos importantes, tiene mucho que ver con los pobres resultados que, salvo contadas excepciones, el gobierno de la 4T está entregando a los mexicanos.
Como ejemplo de este novedoso estado de cosas, se pueden mencionar casos de funcionamiento fallido e irresponsabilidad atroz, como sucede con la mediocre labor legislativa de casi todos los diputados y senadores morenistas del Congreso de la Unión; como sucede con la señora Sheinbaum en el gobierno de la Ciudad de México, o como ocurre con Cuitláhuac García, con el futbolista Cuauhtémoc y con otros tristes gobernadores; o como permanentemente muestra la señora Piedra de la CNDH o los funcionarios responsables de las diferentes instancias de seguridad pública o el oscuro y pernicioso subsecretario de salud federal, de mal recuerdo durante la pandemia de Covid-19.
El país se ha ido desmoronando en este sexenio inflado falsamente en las vacías conferencias mañaneras del palacio nacional y mediante mañosas encuestas diarias que pocos creen.
Pero la verdadera gravedad de todo este desastre puede incrementarse en los años venideros con la posibilidad de que el obradorismo y el partido Morena se mantengan otro sexenio en el gobierno federal y en las entidades federativas ahora desgobernadas por malos políticos guindas.
A imagen y semejanza de su guía y “líder moral”, y motivado desde el propio palacio nacional, se ha ido conformando un auténtico ejército de colaboradores, que no colaboran porque no saben cómo hacerlo o no se les exige, y que, debido a ello, no desquitan los altos sueldos de la burocracia en todos los órdenes de gobierno. Personas sin experiencia, sin conocimientos suficientes para los cargos, algunos con títulos falsos o provenientes de universidades “patito”; o personas con antecedentes penales o con expedientes manchados y provenientes de las cañerías de todos los partidos políticos, o personas que están allí por el creciente nepotismo que auspician y propician López Obrador y sus huestes.
En suma, todos esos señores y señoras, constituyen el actual ejército de “los manueles” y “las manuelas” que están prestos a cumplir a ciegas las instrucciones cada vez más desafortunadas del mesías “transformador” de México.
Y este es precisamente el mayor peligro. Acaso puede haber una transformación para mejorar el país, cuando en las principales posiciones y responsabilidades se manifiestan y empoderan personalidades, estilos y situaciones que recuerdan aquellos inmaduros tiempos de las chaquetas mentales o la certera frase popular de que “A lo que no cuesta, se le hace fiesta”.
¡Que viva México!, es lo que todos queremos celebrar, pero en un ambiente de orden, disciplina, democracia y solidaridad social. Y por cierto, y también con ese título, estrena película este mes el afamado cineasta Luis Estrada.






