La gobernadora Rocío Nahle García parece vivir en el ensueño, en el sopor constante o en el edén tabasqueño que tanto ha influido en su vida y en sus logros recientes a partir de Dos Bocas. O quizá simplemente se deja llevar por el cómodo y placentero valemadrismo que caracteriza a las principales figuras del obradorismo, del morenismo y de la 4T en todos sus pisos, ismos y formatos.
Y no pierde ocasión para mostrar indiferencia a los graves problemas de la entidad, además de una criticable y enfermiza euforia en todo lo que a ella le huele a ese “estado a la moda” que se inventó como guía y faro de su gestión en Veracruz, o como cómodo pretexto para feriar. Como si fuera una emperadora, con asombroso desparpajo está mostrando que sólo le mueve e interesa el nutrido calendario de ferias, festivales y circos donde su gobierno gasta millonadas, mientras el estado se le cae a pedazos.
Sus conferencias de prensa no dan ninguna luz ni esperanza, y sólo tienen palabrería insulsa, que sin resultados tangibles y medibles, están aburriendo a la población, que ya muy poco le cree, con tantos kilómetros de carreteras y caminos llenos de baches, y cuando la inversión extranjera directa está por los suelos, como ya informó la instancia responsable.
Estamos en su segundo año y a este paso, por segunda ocasión, veremos que su informe de noviembre, no tendrá más que fotografías de festivales, de reuniones masivas o del café en oficina, y, a su estilo, abundando de las frases huecas, de las justificaciones, o del cansino lugar común del “en proceso” o “estamos avanzando”, sin evidencias objetivas y resultados claros y satisfactorios para la sociedad.
Todavía recordamos que en la pasada temporada de Semana Santa, Veracruz ocupó el primer lugar nacional en asesinatos (20 casos, como señalaron los medios de comunicación). Y en este momento, se encienden las alarmas, porque los periodistas locales se hacen notar de manera fatal en la nota roja de México y el mundo. Roxana Berenice Guzmán, una periodista de Nanchital fue secuestrada en su domicilio y se tomó video de ese delito. Y también, Luis Ángel López, que en Poza Rica, siendo reportero y director de un medio, fue asesinado en la vía pública, son sucesos terribles ambos, que hacen de Veracruz el estado más peligroso para los trabajadores de la comunicación, y que el periódico El País, publicó el fin de semana con el título “Veracruz vuelve a ser el foco de la violencia contra la prensa”.
Por si no bastase, el viernes, un directivo del sector cañero del país, dio a conocer que cinco ingenios azucareros están en serias dificultades financieras, y en los municipios de Actopan y Úrsulo Galván, los productores están perdiendo sus cosechas a causa del hongo de la caña y el gusano barrenador, corroborándose que Nahle y su gente resultan ser omisos e insensibles a la crisis del campo.
En el tema de los pescadores que sufrieron pérdidas por el petróleo derramado en instalaciones de Pemex en marzo, nadie informa como van los trabajos de restauración ambiental que la circunstancia exige. Alicia Bárcena la titular de Semarnat, prefiere la opacidad y que el tiempo haga olvidar el grave ecocidio que afecta al Golfo. Todas estas situaciones indican que los sectores productivos están abandonados a su suerte en una época de desempleo, inflación e inseguridad pública.
A los veracruzanos les preocupa la información proporcionada por Código Magenta, en el sentido de que en Estados Unidos las autoridades financieras han ordenado a filiales de bancos extranjeros, rastrear las cuentas y el entorno familiar de siete gobernadores, entre ellos a la señora Rocío Nahle.
Y surgen las interrogantes: acaso a la problemática tradicional de esta entidad, habrá que aumentarle la sospecha de que la mandataria estatal tiene serias dificultades con las instituciones de ese país. Si es así, ¿entonces debe preocuparse Veracruz con seriedad sobre el persistente e inexplicable aumento de la criminalidad, o de las organizaciones delincuenciales que se mueven a sus anchas por el territorio, y que no respetaron “el cambio de gobierno”, ni a las autoridades nuevas, ni a la policía y ni a los avisos reiterados que recomiendan a los turistas cuidar sus pasos en el país y en este estado.
Si nada de esto preocupa a la ingeniera Rocío Nahle, se entiende su acomodada y desmedida alegría y su jolgorio con costosa publicidad por su SALSAFEST 2026 en Boca del Río, en donde, por segunda vez bajo su mando, ha echado la casa por la ventana con un gasto cercano a los 20 millones de pesos para tres noches, en la contratación de 12 grupos y artistas de fama internacional como Olga Tañón, Luis Vázquez, Chiquito Team Band, Gilberto Santa Rosa y Víctor Manuel, y con un evento masivo gratuito, de costosa infraestructura, enorme despliegue y parafernalia sin igual.
Por todos estos datos, a nadie sorprende en Veracruz, el desinterés oficial por los críticos problemas que todos ven a ras del suelo, como tampoco extrañan las escépticas miradas desde más allá de las fronteras.
Se pusieron de moda los escandalosos alcances estilísticos de nuestra acomodada gobernadora. Pero el platillo “Tamhale en salsa”, nunca será del gusto jarocho, mientras al estado de Veracruz se lo lleva La Chingada.
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