Los visos de una monarquía empiezan a notarse en México a un mes de las elecciones más grandes de la historia nacional el próximo 6 de junio. Andrés Manuel López Obrador está mostrando que la única palabra que le gusta es la suya. En tres años de gestión ha llenado de malos calificativos a todos aquellos que se atreven a criticar o cuestionar sus modos y sus dichos. 

Desde que fue electo el tabasqueño ha restado poderío y ha tratado de desprestigiar a los otros poderes y órganos autónomos constitucionales. Para todos los casos y personas y desde su palacio (porque ahí vive) frente al zócalo de la capital, el jefe de la república siempre tiene otros datos y otras explicaciones para justificar sus constantes fallas. AMLO intenta que su palabra omnipotente sea la única ley que valga en este país. 

Solo basta mencionar algunos ejemplos de esa intención palaciega: contando con su venia, el gobernador de Baja California trató de ampliar su mandato. Por rechazo de instituciones de justicia no lo consiguió. Pero en otro caso hace pocas semanas y contra lo que establece la Carta Magna, mediante un burdo proceso en el congreso de la unión se amplió a 6 años el periodo del presidente de la Suprema Corte de Justicia. 

Y por si faltaran despropósitos y atropellos legales, López Obrador ha ignorado la voz nacional que se opone a entregarle el poder del estado de Guerrero a su compadre Félix Salgado Macedonio, acusado de violación de mujeres y antecedentes penales. Ante ello, el INE le canceló el registro para contender por la gubernatura, generando diversas amenazas del defenestrado guerrerense a Lorenzo Córdova, el titular del órgano electoral federal. 

Pero para hacer valer la amistad y los compromisos consentidos por López Obrador, como si fuera suyo el estado de Guerrero y ante su evidente incapacidad legal para contender él mismo, Salgado Macedonio dispuso inscribir a su hija Evelyn Salgado Pineda en el proceso electoral de esa entidad federativa, contraviniendo disposiciones legales y los propios principios y estatutos de MORENA, buscando burlar al movimiento feminista de México que lo bajó del tren de la transformación.

Resulta sorprendente que, ante la defenestración de Macedonio, sea su hija carente de méritos y sin tablas políticas, la que le sustituya como contendiente morenista a la gubernatura y no una carta mejor. De esta manera y haciendo valer lazos de sangre, en un simple fin de semana la hija de Macedonio se convirtió en la más idónea de Guerrero.

Si ese intento llega a buen fin para López Obrador, Macedonio y el morenismo, a nadie extrañe que en México se fije y concrete el precepto o sentencia popular de que la costumbre hace ley. Y si el sistema político permite esta salida y atropello al estado de Derecho, el siguiente paso es que a la sociedad entera se le haga normal y correcto que los padres y dueños del sistema político y la administración pública, hereden ese poder y los puestos y cargos principales a sus hijos y parientes, como ocurre en monarquías o dictaduras.

En 2017 los electores veracruzanos haciendo valer su enojo y su voto impidieron a Miguel Ángel Yunes Linares dejar o heredar el gobierno estatal a su primogénito. Guerrero es la muestra más reciente de este vergonzoso ataque a las normas y a la democracia mexicana. 

Lo cierto es que en nada ayudaría al desarrollo de la nación el surgimiento de este bananero principado de Guerrero. Cuánta razón tuvo ayer Porfirio Muñoz Ledo cuando afirmo que MORENA está en camino de convertirse en el partido político más corrupto de América Latina.

Publicidad