Desde el mes pasado se mueven plataformas y personajes en torno a la designación del dirigente estatal de MORENA que se encargará de llevar a buen puerto la elección intermedia en 2021. El análisis de esta situación implica la necesidad de identificar a las principales fuerzas políticas morenistas que podrían participar por la gubernatura de Veracruz en 2024.

Hasta ahora existen únicamente tres grupos con tamaños suficientes para apoderarse de la candidatura. Quizá podrían incorporarse dos prospectos más por ese partido, pero por las complicadas condiciones a su alrededor, esas opciones representan eventualidades más remotas.

En la carrera por la gubernatura, en este momento solo existen tres formaciones identificadas: la de Cuitláhuac García, la de Rocío Nahle y la de Manuel Huerta. 

La del gobernador actual, cuyo caballo negro es el secretario de educación Zenyazen Escobar, el colaborador más consentido y protegido desde el palacio de la calle Enríquez. Rocío Nahle, la actual secretaria de energía, la que parece que terminará como candidata a ser la primera gobernadora jarocha. Por último, el sociólogo Manuel Huerta, el súper delegado federal cercano a López Obrador, quien también quiere gobernar el estado donde vive desde joven.

Sin embargo, como Rocío y Manuel están enfrascados en sus tareas oficiales en la federación, el que sí puede meter mano en la organización y financiamiento del partido en Veracruz, es Cuitláhuac. Para ello, parece que ha delegado esas actividades en Esteban Ramírez Zepeta, un político de La Choapas, quien cuentan que tendrá el apoyo logístico y presupuestal del presidente de la junta de Coordinación Política del Congreso, Juan Javier Gómez Cazarín, la joven revelación de la Legislatura.

Rocío Nahle podría, en su momento y por fallas en su estrategia y cargo en la SENER, cederle la posición a Eric Patrocinio Cisneros, y algunos dicen que también a Ricardo Ahued, pero este empresario político puede dejar atorados los pelos en el alambre de la corrupción de la dirección de aduanas -como especulan en la Ciudad de México-, adonde fue enviado a entretenerse para no complicar la gestión de García Jiménez.

En el caso de Manuel Huerta, un hombre siempre de izquierda, que fue diputado y también el primer líder estatal de Morena, puede afirmarse que gracias a su experiencia, solo se animará a moverse, contando con la venia e instrucción expresa de López Obrador. Si este personaje renunciara a su actual puesto, digamos, dos años de lo previsto, el movimiento solo nos estaría indicando su paso a la lucha por la gubernatura. Y si esta fuera complicada, recibiría la candidatura al senado. 

Volviendo a Esteban Ramírez y a Gómez Cazarín en la operación de MORENA, deben considerarse varios aspectos. Junto con Zenyasen, se estaría observando una priorización del sur de Veracruz, y si este es el caso, no se podría descartar la intervención, asesoría y movilización de gentes como el multicolor Marcelo Montiel, un empoderado felino acostumbrado a caer parado en cualquier tipo de circunstancias.  

Pero debe ponderarse que si estos operadores fracasan en 2021, el presidente enviaría a su casa a Cuitláhuac. Sería una apabullante demostración de que el ingeniero careció de ingenio y luces en los dos deberes encomendados: ni en gobierno, ni en política. Por eso, más vale que el honrado gobernador se aplique esta vez en serio. 

Sin embargo, y como se ha insistido en diversas ocasiones, la llegada de Nahle, de Huerta o de Ahued al palacio de gobierno, pasa primero por la reforma a la constitución veracruzana.

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