Antulio Ficachi
La nueva teoría política de la 4T es de genios. Si hay detenidos, no hay complicidad. Así lo explicó Claudia Sheinbaum al rechazar cualquier vínculo entre autoridades y crimen organizado. La prueba consistió en una lista de 680 presuntos integrantes de grupos criminales capturados por el actual gobierno.
La lógica de la doctora merece un lugar en una revista científica. Bajo ese criterio, un agente de tránsito quedaría vacunado contra cualquier sospecha de corrupción porque levanta infracciones. Un auditor jamás podría ser investigado porque revisa cuentas. Y un árbitro sería incapaz de favorecer a un equipo porque reparte tarjetas para ambos lados.
Lo que quedó pendiente fue definir cuántas capturas se necesitan para alcanzar el manto protector de Morena. Quizá exista una fórmula; una conferencia mañanera por cada cien detenidos.
Por cierto, en la defensa del sexenio anterior reapareció otro argumento cansino: López Obrador concluyó su mandato con niveles históricos de aprobación. La popularidad, en ciertos círculos, opera como una especie de amnistía estadística.
El poder protegiendo al poder.
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Del otro lado de la frontera no parecen compartir la metodología científica de Palacio Nacional. Donald Trump reapareció para advertir que los gobiernos de izquierda suelen comenzar entre aplausos y terminar entre muerte y destrucción.
No mencionó a México; tampoco hacía falta.
La declaración llegó justo cuando desde Palacio se acusa a Washington de intentar influir en las elecciones de 2027.
Entre la “oleada” extranjera denunciada por Sheinbaum y la “destrucción” anunciada por Trump, la relación bilateral parece apocalíptica. Ahora falta que alguno anuncie las siete plagas y quedará completo el rollo.
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Cuando unos discuten el futuro de la democracia, el presente sigue cobrando peaje.
El Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano y la ANTAC amenazan con bloquear aeropuertos y sedes del Mundial de 2026 si no hay acuerdos con el gobierno. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey aparecen en la ruta de presión.
Uno de sus dirigentes resumió el plan: “No habrá aeropuerto”.
En la FIFA seguramente alguien revisó el expediente mexicano y descubrió que aquí el concepto de movilidad incluye tractores, camiones de carga, bloqueos carreteros y asambleas permanentes.
Mientras los organizadores diseñan rutas para los aficionados, los manifestantes diseñan rutas para presionar autoridades. Todos trabajan sobre el mismo mapa.
Y si a eso se suman las protestas de la CNTE, el Mundial podría ofrecer una experiencia integral: partido inaugural, gastronomía regional, música tradicional y plantón magisterial.
En medio de todo aparecen las inevitables mesas de diálogo. Pero conviene explicarlo a los visitantes extranjeros, en México esas mesas no siempre sirven para resolver conflictos; con frecuencia sirven para sentarlos, darles agua y prolongarlos.
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En Veracruz, el PRI volvió a perder una pieza.
Américo Zúñiga anunció su salida después de más de tres décadas de militancia. Argumentó que el partido ya no representa el proyecto con el que se identifica.
Después de treinta años en la misma casa, el exalcalde de Xalapa descubrió que cambiaron los muebles, los habitantes y hasta las escrituras.
A estas alturas, las renuncias priistas descubrieron un nuevo género literario: se presenta la carta, se agradece el pasado, se lamenta el presente y se deja abierta la posibilidad de coincidir en el futuro.
El exsecretario de la fidelidad tendrá tiempo para reflexionar sobre su próximo destino político. Nada que no pueda analizarse con unos tacos y un jugo de naranja en alguna mesa xalapeña.
Américo busca del poder, no la política.
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Y mientras unos abandonan barcos, otros revisan la distribución de camarotes.
El Partido Verde recordó que también forma parte de la coalición gobernante. Javier Herrera Borunda adelantó que buscarán espacios para cuadros propios y no únicamente para candidatos prestados.
La alianza continúa, desde luego, pero las siglas también pagan nómina.
La discusión apenas comienza, aunque el mensaje es que donde el Verde tenga estructura, buscará convertirla en candidaturas; donde tenga votos, exigirá reconocimiento; y donde tenga aliados, reclamará memoria.
El calendario marca como si todavía estuvieran lejos las elecciones, pero la política mexicana opina exactamente lo contrario.








