Antulio Ficachi

Se busca… ¿quién tiene los otros datos?. Esa pudiera ser la pregunta perfecta de los 64 mil millones de dólares en Palacio Nacional. 

La presidenta Claudia Sheinbaum ha entrado en una fase de turbulencia geográfica, cronológica y metafísica tras el inesperado tour aéreo que llevó a Ismael “El Mayo” Zambada a suelo texano. 

Ahora resulta que la soberanía nacional y la estrategia jurídica del país dependen del índice de veracidad del próximo libro de memorias de Ken Salazar. Sí, el mismo exembajador que pasó de ser el invitado de honor con sombrero de charro en los pasillos palaciegos a sospechoso común de conspiración literaria.

Todo hace suponer que el debido proceso internacional es una calle de un sólo sentido y bastante bacheada. Si las agencias del vecino del norte operaron sin avisar, se violó la Constitución; si avisaron, el problema es de quien no revisó la bandeja de correo no deseado. 

En el laberinto de la política bilateral, la precisión es un lujo innecesario: la misma funcionaria (Rosa Icela) que hoy despacha los asuntos interiores del país en Gobernación era la que coordinaba la seguridad cuando el capo despegó sin pagar la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA). 

Pero los detalles del plan de vuelo siguen bajo la conveniente reserva del archivo de las dudas razonables, donde las contradicciones no se aclaran, se guardan para la siguiente campaña.

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La brújula de las responsabilidades del pasado mantiene su magnetismo intacto y con la batería al cien por ciento. Ante cualquier pregunta incómoda sobre los grupos delictivos de Sinaloa, la respuesta oficial viaja dos décadas atrás en el tiempo con la velocidad de un rayo. 

El veredicto de Nueva York contra Genaro García Luna se ha convertido en el desinfectante multiusos perfecto para limpiar cualquier salpicadura del presente. La lógica es implacable y libre de grasa: las espectaculares fugas de 2001, con Fox, y las estrategias de 2006, con Calderón, sirven para blindar, justificar y purificar los números actuales. 

En el tablero del ‘segundo piso de la transformación’, el pasado no es prólogo; es el escudo definitivo y el culpable de cabecera. 

Si las cosas van mal hoy, la culpa es de la herencia que recibimos hace veinticinco años. Faltaba más.

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En el ámbito postal y de la literatura carcelaria, el servicio de correos del sistema penitenciario tiene a su cliente más distinguido y constante. 

El vicealmirante Manuel Roberto Farías ya completó el octavo volumen de sus epístolas manuscritas dirigidas a la mandataria federal. 

El exmando naval sostiene la tesis de que un video de YouTube, subido de forma anónima, sin metadatos ni cadena de custodia, y los dichos de un testigo protegido con mucha imaginación, pesan más en su expediente que toda una vida de condecoraciones en la Marina. 

Mientras las cartas se acumulan en la Oficialía de Partes como adornos de escritorio y se reenvían con flojera burocrática a la FGR, queda claro que en la era de la justicia digital, la presunción de inocencia compite en total desventaja contra el implacable algoritmo de las benditas redes sociales. 

Si sale en una pantalla, es sentencia firme, pero si compromete a los de la ‘cuatroté‘ le aplican el artículo ‘cesto’, el de la basura.

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El egocentrismo ya cotiza en la bolsa de valores y amenaza con generar inflación en tierras veracruzanas. 

Rocío Nahle ha decidido inaugurar la era del auto-homenaje inmobiliario. En un despliegue de vanguardia institucional y alta autoestima, la gobernadora planteó bautizar un salón del recién remodelado ‘Palacio del Mármol’ en honor a “la primera mujer gobernadora” del estado. Es decir, en honor a ella misma. Aunque luego se desdijo.

Los expertos del protocolo comentan que ahorrarse la posteridad, saltarse el juicio de la historia y nombrarse en vida evita muchísimos costos de papelería y bronce, aunque rompa el récord Guinness de velocidad en el noble arte del culto a la personalidad. 

Al fin y al cabo, si uno no se aplaude, ¿quién lo va a hacer?

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En la Atenas veracruzana, a la alcaldesa de Xalapa, Daniela Griego, le fallan muchas cosas, pero en esta ocasión las ocurrencias, la falta de sensibilidad y la ambición tronó la calculadora de ingresos al intentar pasarle la báscula a los creadores de arte. 

Su brillante idea de cobrar por el uso de los espacios públicos y de recintos como el teatro J.J. Herrera -adquirido en el gobierno de Fidel Herrera y donado en la época del “neoliberalismo fifí” al ayuntamiento que presidía David Velasco, estrictamente para fines culturales y sin fines de lucro- terminó en un frenazo de emergencia con olor a llanta quemada. 

Queda demostrado que en el gobierno de Daniela Griego, no conocen el origen de las cosas ni de las causas, por eso la tarea de leer las escrituras y la memoria histórica de las donaciones es algo aburrido.

No hay nada nuevo bajo el sol en una administración donde la alcaldesa y sus súbditos demuestran que es mejor cargar los costales de odios y rencores que trabajar ‘Por el bien de Xalapa‘.

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Y para cerrar con broche de oro y misticismo de alta escuela, el alcalde de Alvarado, Alberto Cobos, decidió que ante la falta de proyecto de gobierno lo mejor es encomendar la administración a las cortes celestiales. 

Tras publicar la foto de una mancha difusa en sus redes sociales y calificarla como una “señal divina de la Virgen”, que le llena el corazón de paz, los habitantes del municipio ya se preguntan si la falta de agua, la falta de energía eléctrica y los apagones constantes también se van a solucionar por obra y gracia del Espíritu Santo o si de plano habrá que esperar a que baje un arcángel con presupuesto terrenal. 

Del Estado laico y de la seriedad gubernamental, mejor ni hablamos, que es pecado.

Pobriño el Betiño.

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