Antulio Ficachi

Aunque todavía falta más de un año para renovar diputaciones federales y locales en Veracruz, en Morena comenzaron el calentamiento electoral a ras de suelo, como les gusta presumir.

Basta ver cómo se activaron los escribidores de Facebook -alimentados con croquetas presupuestales- para empezar a destapar a los impresentables de siempre: Dorenhy García Cayetano para San Lázaro; Eleazar Guerrero rumbo al Congreso local; y hasta Eduardo Vega Yunes, subsecretario de Economía de Rocío Nahle, apuntado para una curul local.

Por el lado de la llamada oposición, el panorama luce idéntico al de cada elección. Américo Zúñiga y Silvio Lagos siguen atrapados en la política de piloto automático, con discursos reciclados y una presencia pública intermitente que sólo reaparece cuando regalan candidaturas. Todo eso, pese a cargar con una estructura electoral cada vez más reducida.

En el caso de Román Moreno, el polémico taquero convertido a político, acumula negativos y no termina de cuajar entre empresarios y sectores académicos. Y aunque eso no le quite el sueño al futuro candidato de Movimiento Ciudadano, sí podría abrirle un hueco importante. 

A ciertos círculos de Xalapa no les gustan los candidatos; les gustan los gobernadores, alcaldes o diputados en funciones.

Así que, si la oposición no consigue jalar el voto anti-Morena de manera contundente -haya alianza o no-, los guindas volverán a ganar de ‘caballito’, como en el beisbol.

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En Palacio Nacional no distinguen entre gobierno y homenaje retro. La presidenta Claudia Sheinbaum decidió despejar cualquier duda existencial. Ella y Andrés Manuel López Obrador “son uno mismo”. Sólo faltó que en la mañanera apareciera Timbiriche cantando “Somos Amigos” y el gabinete hacer los coros de la continuidad.

El problema es que acá organizan festivales de lealtad política y en Washington siguen abriendo expedientes sobre presuntos vínculos de personajes morenistas con el narcotráfico. La reacción oficial no parece orientada a aclarar, transparentar o investigar, sino a construir un muro legal con presupuesto público y soberanía reciclada.

Para eso apareció la llamada “Ley Monreal”, donde la “injerencia extranjera” podría convertirse en detector selectivo de críticas incómodas. Pero la joya del proyecto es que el INE y el Tribunal Electoral serían los encargados de determinar cuándo existe propaganda extranjera, manipulación digital o desinformación.

El mismo ecosistema electoral, que opera en ‘nado sincronizado’, decidiría qué comentario entra en la categoría de libertad de expresión y cuál merece sanción o anulación. La democracia al estilo 4T.

Y claro, el nerviosismo no nació sólo. Morena descubrió que las investigaciones internacionales no se desactivan con encuestas de aprobación, hashtags del bienestar ni culpando a Calderón, un día sí y otro también. Cuando el poder siente miedo, legisla; y cuando siente más miedo, legisla más rápido.

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En Veracruz también se practica el realismo mágico. La gobernadora Rocío Nahle habla de inversiones, desarrollo industrial y prosperidad, pero el INEGI retrató la nueva moda jarocha: desempleo, subocupación e informalidad creciendo como maleza en temporada de lluvias.

Más de 79 mil veracruzanos arrancaron el año sin empleo. Se perdieron 72 mil puestos de trabajo en doce meses y el campo recibió el golpe más severo con más de 111 mil plazas desaparecidas. Pero para doña Rocío todo avanza tan bien que cualquier día inauguran una planta automotriz en una maqueta del bienestar.

Eso sí, el secretario Ernesto Pérez organiza foros, reuniones y fotografías con empresarios mientras casi 2.3 millones de personas sobreviven en la informalidad y siete de cada diez trabajadores laboran sin prestaciones ni seguridad social. Economía que ‘Estorba’.

Pero ojo, más de 323 mil veracruzanos ya dejaron de buscar trabajo. Descubrieron que hacer filas también cuesta dinero y que entregar currículums se parece demasiado a participar en rifas de esperanza con pocas probabilidades.

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En Xalapa la transformación también llegó, pero disfrazada de ticket del mercado. El kilo de tortilla ronda los 20 pesos; el jitomate juega en grandes ligas; el frijol parece producto de importación y la carne se cotiza como corte premium.

Pero Morena insiste en aquello de “primero los pobres”. El detalle es que ahora los pobres también pagan internet, gas, transporte y huevo como artículos de lujo. En muchos hogares el salario no alcanza para vivir; sólo sirve para administrar carencias.

Los comerciantes lo explican mejor que cualquier especialista. La gente compra menos, sustituye alimentos y pregunta precios con la cautela de quien cotiza departamentos en la Riviera Veracruzana.

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Y hablando de transformaciones, médicos del Hospital Infantil de México Federico Gómez denuncian recortes, reducción de cirugías y limitaciones operativas en atención oncológica pediátrica. No obstante que en las mañaneras se presume un sistema de salud “mejor que Dinamarca”, en los hospitales empiezan a decidir qué niño entra a quirófano y cuál tendrá que esperar turno en la tómbola presupuestal.

En este país sobran discursos y faltan anestesiólogos, medicamentos, camas, empleo y paciencia.

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