Antulio Ficachi
En Veracruz se descubrió una nueva modalidad del futbol mexicano: el descenso jurídico. Y el primer equipo en perder la categoría fue Arrendadora Azteca.
Tres años después de encarcelar a Fidel Kuri Grajales por supuesto fraude procesal, el mismo juez que lo mandó al Reclusorio Norte terminó admitiendo que el delito nunca existió. Dos años y nueve meses preso para concluir que todo fue una mezcla de expediente inflado, prisas ministeriales y silencios bastante caros.
Obligado por un amparo federal, el juez pasó de dictar vinculación a proceso a reconocer que “no hay conducta antijurídica”. Traducido al español de barrio: nunca hubo delito. Cuando Kuri preguntó por qué estuvo preso tanto tiempo, la justicia mexicana volvió a practicar su disciplina favorita: encarcelar primero y revisar después.
La ironía es que todo nació en el futbol mexicano, donde los balances financieros suelen escribirse entre servilletas, favores políticos y promesas notariales. El préstamo de más de 139 millones de pesos para mantener respirando a los Tiburones Rojos terminó convertido en proceso penal, pese a que la defensa insistió desde el inicio que las garantías relacionadas con Sebastián Jurado y el “Puma” Chávez cubrían el adeudo. Ahora resulta que el “fraude procesal” era tan sólido como la transparencia en la Liga MX.
Y si un juez reconoció que el delito no existía, alguien tendrá que explicar cómo un ciudadano pasó casi tres años preso por una ficción jurídica. Ahí el marcador puede ponerse incómodo para más de uno en Grupo Salinas. Lo preocupante no es el error judicial; lo alarmante es que en México ya parece procedimiento estándar.
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En la Universidad Veracruzana tampoco faltan las ganas de reflector. Cuando parecía que la prórroga del rector Martín Aguilar estaba resuelta bajo la lógica universitaria de “aquí no pasa nada”, apareció Rafael Vela Martínez cargando un Juicio de Protección de Derechos Humanos como quien llega tarde a una fiesta, pero exige cambiar la música y hasta el menú.
La impugnación cuestiona la ampliación del rectorado y acusa ausencia de convocatoria y consulta. El problema es que dentro de la UV muchos comenzaron a leer el recurso más como un ejercicio de protagonismo académico que como una cruzada jurídica.
Acá en la aldea hay investigadores que producen artículos científicos y otros que producen entrevistas sobre sí mismos.
Ahora la Junta de Gobierno enfrenta desgaste institucional y el ‘académico’ da la impresión de convertir cualquier diferencia administrativa en epopeya personal. En algunas facultades sospechan que el verdadero interés legítimo no era colectivo sino mediático.
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Por cierto, en Xalapa ni los aliados esconden la preocupación por la administración de Daniela Griego. Otra vez, el dirigente estatal del PT, Vicente Aguilar, resumió el ambiente con una frase letal: “van lentos”.
Eso significa que el gobierno municipal empieza a parecer operativo de Protección Civil, pero sin protección y sin operativo.
Y es que cuando un aliado pide “ponerse las pilas” por inundaciones, socavones, basura, apagones y baches, en realidad está diciendo que el desgaste ya salió de Facebook y entró a la sobremesa de los propios aliados.
El problema para Daniela Griego es que la percepción pública comienza a caminar más rápido que su administración. En Xalapa hay calles donde el agua corre mejor que los trámites municipales y colonias donde los baches podrían solicitar clave catastral.
A eso se suma el ruido interno. Versiones que circulan en el Ayuntamiento hablan de más de cien trabajadores presionados para firmar renuncias o aceptar rescisión laboral bajo el argumento de una auditoría administrativa.
Asimismo, algunos directores -que andan tras lo económico o turisteando- se quejan de que fueron invitados sólo para simular pluralidad política y que después “los abandonaron”. Eso quiere decir que los usaron para la foto y luego los mandaron al área de objetos perdidos.
En Palacio Municipal los olores nauseabundos se propagan con corrupción, ineptitud, recortes internos, desgaste externo y un discurso político que hace agua cada vez que llueve. Y en Xalapa llueve bastante.
Las cosas no van bien y como decía el clásico: lo que se ve no se juzga.
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En contraste, en Tlalnelhuayocan la alcaldesa Arianna Ángeles entiende que en política la seguridad sí da votos y los discursos no tapan socavones.
Por eso colocó como prioridad la creación de la Policía Municipal y aprovechó la coordinación con la gobernadora Rocío Nahle para empujar proyectos regionales. A diferencia de otros alcaldes atrapados entre conferencias, excusas y transmisiones en vivo, Arianna parece haber entendido que gobernar municipios serranos exige gestión permanente y menos romanticismo administrativo.
La inteligencia política de reconocer públicamente el trabajo institucional de la gobernadora pudiera generar dividendos positivos.
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En el altiplano, Claudia Sheinbaum salió a defender a Carlos Slim después de que el empresario calificara de “irracional” la degradación de Moody’s a México.
La Presidenta aseguró que las calificadoras “se quedaron en el periodo neoliberal”. Curiosa teoría económica. Cuando la nota sube, el mercado es inteligente; cuando baja, es conservador y casi enemigo del pueblo.
Slim, convertido en soldado de la 4T, habló como multimillonario global y Sheinbaum respondió como quien encontró testigo para discutir con Moody’s sin parecer pelea de cantina financiera.








